Como ha ocurrido en todas las etapas que el PP revolotea cerca del poder, la estrategia utilizada ha sido siempre la misma. Una serie de ambigüedades propositivas para no saber si sí o si no, para no aceptar compromisos, para no defraudar expectativas, para no enseñar la patita de su programa de gobierno. Y mientras vemos repetido el mismo slogan que Aznar utilizó, aquel “váyase Sr. González”, pero cambiando al afectado.

Mucho ruido y pocas nueces.

El problema es quién está haciendo el ruido. ¿Es el PP?

El PP, partido altamente disciplinado, que acata a pie juntillas instrucciones con obediencia ciega donde las haya, capaz de justificar cualquier burrada, barbaridad, indignidad o comentario soez, cerrando prietas las filas y diciendo todos las mismas palabras del argumentario precocinado en la calle Génova, tiene su guión marcado desde hace tiempo: armar mucho jaleo y ruido, extremar las posiciones sociales para mantener al voto movilizado, desacreditar al máximo al contrincante, y hundir la confianza de todo el mundo jugando al “cuanto peor, mejor para nosotros”.

Pero, esta estrategia no tendría validez sino fuera orquestada, acompañada e incluso dirigida por los tanques mediáticos que tan bien conocemos. Porque la derecha política no funciona en solitario.

¿Quién marca los temas que hay que criticar hasta machacarlos en tertulias,  columnas, opiniones, extremando posiciones? No es el PP; Rajoy y su dirección se suelen subir al carro de lo que mediáticamente les van marcando, y así los vemos cambiar continuamente de posición, porque, como en su propio partido dicen, son incapaces de ser ellos los que marcan esa estrategia: tan solo son peones necesarios de los tanques mediáticos.

Hay que hacer guerra con la salvajada agresión al consejero de cultura de Murcia culpando de ello a la izquierda, pidiendo dimisiones y haciendo de ello un problema del gobierno Zapatero. Hay que ridiculizar y machacar las lenguas oficiales en el Senado, y a Rajoy le da igual que en el 2005 dijera blanco porque hoy le han dicho que diga negro. Hay que masacrar con la ley del tabaco porque se trata de crear alarma social aunque en realidad la ciudadanía no lo perciba como un conflicto ni como un problema, pero las anécdotas se convierten en heroicidades de Estado, y Rajoy se permite seguir fumando sus puros. Y así sucesivamente.

El problema grave es que para llegar a esa situación donde haga lo que haga Zapatero está mal y no habrá ni un minuto de tregua ni descanso en su acoso y derribo, ha habido unos preámbulos peligrosísimos: desacreditar al Estado y la función pública con campañas vergonzosas contra los funcionarios; devaluar el papel representativo de los sindicatos pidiendo machaconamente la retirada de ayudas y subvenciones acusándolos de incompetentes; desacreditar la política y su capacidad de diálogo y consenso; atacar sin piedad a las voces no políticas sean artistas, intelectuales o asociaciones que tengan posiciones progresistas, de izquierdas o que ni siquiera sean de su agrado.

En esta guerra, no buscan sólo la caída de Zapatero, además buscan desarmar a la sociedad civil y representativa de aquéllos que no comparten sus ideas ni la forma de ver las cosas, y para ello necesitan también la sumisión de quien puede gobernar desde la derecha. Rajoy no puede aspirar a ser más que el títere de los tertulianos y comentaristas ultra de los tanques mediáticos.