A Europa, los árboles le impiden ver el bosque

No es la primera vez en la Historia que Europa no comprende la realidad global en la que está inmersa. Y cuando esto ocurre, las consecuencias han sido graves.

Una vez más, desde que se inició esta larguísima crisis económica de la que nuestros gobernantes no saben salir, los problemas se acumulan encima de la mesa, y el último que llega es el más urgente y el primero a atender, olvidando otros que también fueron importantes hace tan sólo días.

Pero es cierto que cada último problema es más grave que el anterior. Hemos vivido la crisis griega como si se fuera a producir la ruptura de Europa, la salida del euro, la caída de las bolsas, el fin del mundo occidental tal y como lo conocemos, hasta que ha llegado otra realidad a nuestras fronteras, mucho más dura y cruel: los refugiados sirios.

Afortunadamente, la sociedad civil está reaccionando de una manera ejemplar ante esta gravísima crisis humanitaria, dando ejemplo y obligando a los gobernantes a no mirar hacia otro lado. Ahora bien, probablemente los dirigentes europeos reaccionan porque los refugiados llegan a las puertas de Alemania, incordiando las cifras macroeconómicas de Merkel.

Nuestras costas mediterráneas y nuestras fronteras españolas, Lampedusa o Ceuta por ejemplo, viven situaciones dramáticas, inhumanas, insostenibles éticamente, sin ningún tipo de justificación, pero que no se resuelven porque no han llegado a las puertas de Berlín. Pero los sirios sí.

No sólo tienen hambre, miedo, angustia, temor, sino que su país está en guerra. No son inmigrantes pobres, son refugiados de guerra. Y tienen un objetivo: cruzar Europa.

¿Se ha asustado Merkel cuando ha visto que no puede frenar el problema manteniéndolo lejos de sus fronteras? ¿Está intentando limpiar su imagen demostrando que también tiene corazón, para que se entienda que el castigo a Grecia es ejemplarizante? ¿Ve acaso una oportunidad ante la llegada de unos refugiados jóvenes, preparados, con formación?

Sea lo que sea, bienvenido este cambio de actitud de Europa, liderado por Merkel, quien ha tomado, por primera vez, las riendas de colaborar colectivamente para solucionar un problema. Mientras, siento vergüenza ante declaraciones del Gobierno español negociando una ridícula cifra de acogida de refugiados, entre 15 0 17 mil, como si ello fuera a hundir la economía española, estigmatizando también a quienes están huyendo.

Pero el problema de Europa, a quien se le acumulan los problemas a cual más grave, porque la inmediatez y urgencia de los refugiados sirios no elimina, tan sólo aplaza, la grave situación griega, es que no ve que los árboles le impiden ver el bosque.

La realidad es cómo se está construyendo la nueva Europa que saldrá de la crisis, cuáles son los valores constitucionales y morales, cómo reaccionamos ante lo desconocido. Y hay una base de fondo sobre las que nos estamos moviendo: la desigualdad.

Que en la época de crisis económica, Europa siga aumentando alarmantemente su desigualdad social es el origen de los problemas. España tiene hoy el 25% de sus hogares en riesgo social, mientras que se ha duplicado el número de multimillonarios que tienen más de 30 millones de euros.

La actitud ante la acogida de los refugiados sirios nos está devolviendo la esperanza de que Europa es algo más que una cuenta corriente, que los números macroeconómicos, que el FMI o que las sanciones ante las deudas. Lo que ahora hace falta es que esta actitud novedosa no se detenga, sino que sirva para regular el problema de la inmigración, frenar la desigualdad social, devolver los derechos a los ciudadanos, …. En definitiva, reconstruir nuestro proyecto europeo

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Cierre de legislatura con maquillaje en el PP

Hoy ya es día de valoraciones sobre la gestión del Gobierno de Rajoy, porque él mismo cierra el curso político e inicia ya su larguísima precampaña para las elecciones generales, aún no convocadas.

Durante estos meses, nos inundará de “macroeconomía”, de cifras absolutas difíciles de comparar, de PIB, déficit, encuestas de desempleo con lecturas intencionadas, y ofrecerá alguna mísera conquista como el 1% para los funcionarios, el aumento de empleo siempre precario y con gran pérdida de derechos, y una rebaja del IRPF que tendremos que pagar posteriormente en la siguiente declaración.

Pero los españoles no hablan de macroeconomía ni lamentablemente estas circunstancias nos están generando felicidad y bienestar.

Durante el Gobierno del PP hay otras decisiones que afectan profundamente al Estado de Bienestar español, así como una nefasta gestión en temas de esencial importancia: el aumento desesperante de la pobreza y la desigualdad que no cesa, la precariedad del empleo, la fuga de cerebros y gente joven, la presión sobre las familias españolas, la ley mordaza, los desahucios, el difícil acceso a los estudios universitarios, la retirada de la sanidad universal a los más desfavorecidos, la pérdida de peso en nuestro papel internacional (incluso en temas donde podríamos estar bien situados como el desbloqueo con Cuba), la tensión con Cataluña que está rompiendo las relaciones autonómicas, y ahora faltaba el nombramiento en la Audiencia Nacional con la intención de controlar hasta la judicatura.

Todo ello aderezado por la gran mancha pringosa de la corrupción que Rajoy no puede eludir, aunque esté permanentemente mirando hacia otro lado como si el asunto no fuera con él. Pero ni el PP ni Rajoy pueden limpiar internamente pues ni Gürtel ni Púnica son casos aislados, sino perfectamente orquestados para conseguir financiación irregular tanto para el partido como para los bolsillos privados.

No van bien las cosas, ni mucho menos. El triunfalismo de Rajoy ni siquiera se quedará de puertas para dentro en su propio partido, que está sufriendo los desgarros de la gran pérdida electoral autonómica y municipal.

Rajoy actuará en la gestión de España como actúa con la gestión de su partido: mediante maquillajes que difuminen las sombras.

Ante la pérdida de votos y el enfado ciudadano, Rajoy no ha variado su camino, ni ha pedido perdón, ni ha obligado a dimisiones, ni ha asumido responsabilidades, tan sólo ha hecho maquillaje cambiando caras para que los mensajes de siempre suenen con otro tono de voz.

Así vemos aparecer caras jóvenes como la de Pablo Casado o Javier Maroto, con el fin de que el mensaje del “y tú más” resista la temporada siguiente. Se cambia la gaviota de tamaño, se moderniza la música, y se ponen otros “rostros” al frente.

Las actuaciones del PP se realizan siempre bajo la estrategia electoral y el marketing. Y, de la misma forma, Rajoy ha actuado en Cataluña poniendo al frente a Xavier García Albiol. Muy mal se debe ver allí el resultado electoral cuando su apuesta es mantener a los más fieles de la extrema derecha, ya que en la contienda electoral catalana, el PP no tiene espacio.

Pero ojo, que aquí puede haberse pasado de frenada. Albiol no da el paso para guardar solamente los muebles destrozados en Catalunya. Su aparición en la primera línea política puede despertar a un sector del PP que últimamente estaba desorientado, y que espera agazapado liberarse de “liberalismos y modernismos” para devolver al PP a sus verdaderas esencias.

Las palabras, acciones y pensamientos de García Albiol no son solamente marketing electoral. Él no pretende disimular nada lo que piensa, y sus pensamientos son claramente xenófobos y ultraconservadores.

Xavier García Albiol puede abrir la caja de Pandora del PP.

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¿Qué pasará el 27 de septiembre?

Cómo hemos llegado a la situación de aparente divorcio entre España y Catalunya es algo complejo, pero también está lleno de innumerables errores políticos, como, por ejemplo, no haber permitido hace mucho que los catalanes se manifestaran abierta y democráticamente en las urnas. Porque cada día que pasa las relaciones, no entre naciones ni entre pueblos, sino entre personajes políticos están más enquistadas, con una tensión cada vez mayor que se irá incrementando de aquí al 27 de septiembre.

Y, aunque mucha de la impostura corresponda a cálculos electorales que realizan Rajoy o Artur Mas, la realidad es que después será más complicado reparar heridas, restablecer esperanzas frustradas, devolver la calma a un conflicto que no debería haber llegado a este extremo. Y no sólo entre España y Catalunya, sino también dentro del propio territorio catalán, que se está viendo obligando a tomar partido.

Dentro del debate sobre si debe haber independencia o no, se solapan otras situaciones de igual envergadura que hay que resolver: la situación social de Catalunya y España con una creciente desigualdad; la financiación de las Comunidades Autónomas, que genera muchas confrontaciones no sólo en Catalunya, sino también en el resto de autonomías; la corrupción, que anida en círculos de poder y que, en el caso de la familia Pujol, ha supuesto un “mazazo” que arrastra a uno de los personajes políticos más influyentes de la transición española; el marco constitucional y una España federal; la desaparición de partidos políticos y la aparición de nuevas plataformas sociales con vocación política; el divorcio de Convergencia y Unió, como problemas principales.

Las tensiones entre España y Catalunya no son nuevas, pero eso no quiere decir que no se haya fracasado al intentar solucionarlas.

De la forma que no se solucionarán nunca es creando un ambiente de odio, rencor y desconfianza entre unos y otros. Y a eso juegan tanto los que buscan independencia como los nacionalistas españoles que reivindican la unidad frente a cualquier cosa.

Escribe Suso de Toro, haciendo gala y orgullo de ser gallego, cómo en Galicia se están haciendo cálculos intencionados de lo que perdería Galicia si Catalunya se independizara, pero nunca se dijo cuánto aportaba y cuánto obtenía el resto de España por el crecimiento catalán. Puedo decir lo mismo en mi Comunidad Valenciana: los años de Gobierno del PP han sido años de permanente confrontación interesada, la manera de obtener votos “valencianistas” era a costa de insultar a los catalanes.

Igual ocurre ahora con Grecia para justificar o no los rescates. Se crean tópicos y caricaturas de su población al tiempo que se sesgan las informaciones. ¿Conocen exactamente los catalanes las consecuencias de su voto en uno y otro sentido? ¿Conocen los españoles qué sucede de verdad en este conflicto?

Una vez más, la racionalidad política (información y datos objetivos para disponer de una opinión crítica y formada) queda relegada por la emotividad, el sentimentalismo, las posiciones enfrentadas y los cálculos electorales. Porque realmente ni Rajoy ni Mas cambiarían su política económica ni social, ni en España ni en Catalunya, sino que se disputan “tronos”.

Por ello, ambos necesitan que primero se realicen las elecciones autonómicas que ellos reclaman como plebiscitarias, para seguir con la confrontación activada y así movilizar votos en uno y otro sentido, y después las generales, en las que se pretenden resolver simplemente cuestiones económicas, como si esta crisis fuera sólo una cuestión de 2+2.

Si primero se celebraran las generales, quizás tendríamos mucho resultado del referéndum que reclaman ya definido, porque hay muchos catalanes que lo que quieren es decir NO a este Gobierno nacional y a su forma de gobernar, y no por ello, se plantean la independencia.

Decir no a la independencia no es decir Sí a Rajoy, igual que decir sí a la independencia no significa apoyar las políticas de Artur Mas. ¿Cómo resolver el conflicto?

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Hacia las elecciones generales

No hay ninguna duda que, después de las últimas elecciones autonómicas y municipales, el panorama político español ha cambiado enormemente.

El PP ha perdido estrepitosamente, el PSOE ha conquistado mucho terreno pese a haber perdido votos, las nuevas fuerzas políticas como Ciudadanos y Podemos (en sus distintas formas y conjunciones) han conquistado un espacio propio, y dos formaciones como IU y UPyD parecen destinadas a desaparecer. Ahora hemos de ver qué ocurrirá en las elecciones generales, porque, aunque los votos ciudadanos parecen estar encarrilados, nuevamente conviviremos con disyuntivas electorales propias de un proceso de transición.

El PP hace lo que puede para dar aires de modernidad y cambio a un partido anquilosado y estructuralmente dañado por los casos de corrupción, la financiación B y los sobres en negro a sus máximos dirigentes. Por mucha cara nueva con aire inocente que pongan al frente de los mensajes de comunicación, lo que le ocurre al PP es mucho más grave y profundo, pero no parecen dispuestos a cortar de raíz con un pasado infeccioso. Aún así, el PP cuenta con ayudas extras para que sus posiciones conservadoras no pierdan espacio electoral: ahí está Merkel o el FMI para poner de ejemplo la gestión de Rajoy, el súbdito disciplinado, pues los organismos europeos actuales no pueden perder un lacayo como el presidente español, y para ello, se han afanado bien en asfixiar a Grecia y ensalzar a la política española (aunque aquí sigamos sufriendo las consecuencias de una nefasta política gubernamental). El PP comenzará también a partir de septiembre su estrategia embaucadora de bajada de impuestos y cara amable del Gobierno con el fin de confundir una vez más al electorado.

La única e importante novedad es que el español conservador también está harto de promesas incumplidas y de chanchullos y estafas, y, en este caso, cuenta con una opción nueva a quien ofrecer su voto sin taparse la nariz.

Pero, evidentemente, donde está el mayor interés electoral es en la izquierda, quien está viviendo la mayor transformación política de los últimos tiempos.

A excepción del PSOE, quien mantiene su línea más o menos estable en organización y mensajes, sin atreverse a romper moldes, con una prudencia a veces excesiva, y con el equipaje a cuestas de haber sido gobierno y querer serlo de nuevo de la única manera que ha aprendido a ejercerlo, el panorama de la izquierda sí ha variado radicalmente.

En las pasadas elecciones autonómicas y municipales, apareció un formato nuevo de organización política: ya no son partidos homogéneos, con denominación de siglas, sino con nombres que apelan a sentimientos y capacidades ciudadanas, con amalgama de fuerzas entre organizadas y voluntarias, que provienen de sectores diversos, cuya cultura política se entremezcla, y que representan “mareas” más que partidos. Ha sido una experiencia emotiva e interesante, que se ha configurado y moldeado de formas diferentes en función del terreno en el que nacían, y que ha tenido mucho que ver también la persona que los lideraba, véase casos como “Ahora Madrid”, “Barcelona en Comú”, “Zaragoza en Común”, “Por Cádiz sí se puede”, …

Es la primera vez en España que no son organizaciones políticas al uso, sino plataformas diversas y heterogéneas las que han surgido en el nuevo panorama español.

Ahora bien, ¿cómo se van a configurar de cara a las elecciones nacionales?, ¿cómo se podrá recoger toda esa fuerza de votos, esa necesidad de cambio, esa demanda de algo diferente, esas ilusiones puestas en la puerta del ayuntamiento de tu casa, en unas candidaturas amplias, de carácter nacional? Es decir, ¿se puede construir un “España en común”?

Pues ahí es donde veo la dificultad y los primeros roces.

Para la democracia, resulta sano fortalecer la diversidad y pluralidad de organizaciones políticas, pero no podemos olvidar que en el sistema electoral la excesiva fragmentación de opciones políticas debilita enormemente al sector que representan. La aparición de nuevos partidos creados como plataformas que recogen a aquellos líderes que se han quedado excluidos del actual sistema electoral (como ocurre con IU), que suman a descontentos de otras formaciones políticas, a críticos de los que ponen en marcha, a organizaciones más pequeñas que no acaban de consolidar como Equo, etc y etc es una buena noticia democrática de que la política española está viva y se mueve, de que la izquierda está en una transformación interesante buscando el acomodo entre la organización y la participación, innovando fórmulas y mecanismos, y un largo etcétera de salud democrática. Pero, pero, pero, …. no olvidemos cuál es el sistema electoral español, pues a la larga las fragmentaciones electorales evitan consolidar el voto y dificultan también el entendimiento a la hora de gobernar.

En España ha nacido la cultura del pacto y el consenso, de la negociación y el diálogo, el alejamiento de las mayorías absolutas por la búsqueda de acuerdos mínimos de entendimiento. Las autonomías y ayuntamientos están hoy, en su mayoría, gobernados por tripartitos (con o sin representación en los gobiernos), que exigirán mucha inteligencia y sensibilidad para llevarlos a cabo. No dudo en estos momentos que saldrá bien.

Pero hay que tener cuidado en que la diversidad democrática no se convierta en una fragmentación de personalismos o pequeñas propuestas que dificulten luego un gran entendimiento entre las izquierdas.

Una vez más, España irá a unas elecciones generales mostrando dos formas de gobernar diferentes y también dos formas de organización políticas diferentes.

Nada hay escrito para las siguientes elecciones generales.

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¿Qué significa OXI?

Como un grito de angustia y rebeldía, como un canto de esperanza, como una llamada de auxilio, como una marea de dignidad, el pueblo griego ha realizado un referéndum absolutamente democrático para que Europa oiga lo que los griegos quieren y necesitan.
Pero, ¿lo han oído desde las instituciones europeas?
Soy la primera sorprendida de que Tsipras haya ganado un referéndum difícil que, desde el principio, estuvo acorralado por el miedo impuesto por Merkel y sus acólitos, por las amenazas veladas de gobiernos conservadores como el español, por las presiones financieras, por un corralito absurdo y angustioso. Aún así, cuando mi corazón me dictaba votar un OIXO clamoroso y potente, mi razón me decía que Tsipras perdería ante el miedo de sus conciudadanos. ¡Y no ha sido así!
Esa es la primera lección que debemos constatar. Hace ya tiempo, desde que se inició la crisis económica, la ciudadanía europea está tomando decisiones que rompen la “razón” oficial y oficiosa que nos condujo a esta crisis económica, política y moral. La ciudadanía está demostrando más agallas y valentía, más coraje democrático que las propias instituciones democráticas y, sobre todo, está votando con el corazón y la razón en la misma papeleta.
Pero ahora, la derecha mediática ya se ha recuperado, a velocidad de vértigo, instantes después de quedarse colapsada por el resultado del referéndum. Escucho con estupor que dicen cosas como: “el sí no tuvo opción de explicarse convenientemente”, “el referéndum ha estado manipulado por el sentimentalismo de Tsipras”, “los griegos están siendo odiados porque no quieren asumir los costes de su mala gestión anterior”, “¿para qué un referéndum si van a negociar lo mismo que antes?”. Y un largo etcétera de improperios y argumentos absurdos para justificar de nuevo la mano dura contra Grecia.
Me temo y me preocupa que las instituciones europeas no hayan aprendido nada.
En primer lugar, que Europa está absolutamente desnortada, que se ha convertido en un continente viejo y raquíticamente democrático, con una Merkel al frente que no sabe gestionar la crisis. Por mucho que quieran justificar e imponer, Europa sigue en la estacada cuando el resto del mundo superó hace tiempo la crisis económica.
Pero mucho peor, hemos perdido por el camino lo que significa la Democracia, el valor de la palabra de los pueblos, los gobiernos elegidos democráticamente, el respeto a la política y la sumisión de la economía a una buena gestión. Europa se ha convertido en una institución voraz. Con la crisis se ha merendado las condiciones democráticas de los pueblos. Porque no hemos de olvidar que, detrás del ahogo a Grecia, ha estado también y fundamentalmente un acoso ideológico contra el gobierno de Tsipras. Alemania, Merkel, la Unión Europea, el Banco Central, ….no pueden permitir que gobiernos de izquierda se levanten contra el austericismo del gobierno alemán. Tenían a la fuerza que acabar con la democracia griega para que no hubiera contagios en otros países, como puede ocurrir en España. Rajoy es un alumno disciplinado, un perro fiel de las políticas conservadoras, y Grecia está suponiendo la voluntad de un pueblo.
Quien ha intentado machacar a Grecia es la misma Europa, con los mismos gobernantes, con las mismas instituciones, que permitieron las estafas, los chanchullos, los gobiernos corruptos, las cuentas falsas, y un largo etcétera. Resulta tan vergonzoso que sigan al frente de la solución los que generaron la crisis que lo extraño es que el pueblo europeo no se alce en un clamoroso referéndum popular para echar de las instituciones a tan vergonzantes personajes.
Y encima se han equivocado una vez más creyendo que podrían cargarse a Tsipras y al gobierno griego a través de este referéndum. Se equivocaron porque no han calibrado bien que se tiene miedo cuando se tiene algo que perder, pero han apretado tanto la cuerda, que los griegos han superado su propio miedo. Llevan tantos años de incertidumbre, de angustia, de vivir al filo de las circunstancias económicas, que ya no tienen miedo que perder.
Si Tsipras hubiera perdido el referéndum, hoy estaría muerto, dimitido. En cambio, ¿piensa asumir la troika la responsabilidad de sus acciones y las equivocaciones cometidas?
Una vez más, una más sumada a tantos errores y equivocaciones, las instituciones europeas se han equivocado. ¿Piensan rectificar? Pues me temo que no. Aquí sí que no concibo ninguna esperanza. A no ser que haya una ruptura europea y no, como Merkel pretende, entre el Norte y el Sur, sino entre Alemania y Francia. Una ruptura que suponga una alianza diferente de países. Aunque los socialdemócratas europeos salen tocados porque Martin Schultz no ha dejado ningún margen a un proyecto diferente.
Si no se cambia el rumbo, Europa está condenada a dejar de ser un proyecto político, una coalición de países, un sueño de derechos.
Ahora, la primera y más importante decisión no está en manos de Merkel que no hemos de olvidar que está ejerciendo un papel suprarepresentado. Ahora le corresponde a Mario Draghi, presidente del BCE, cuando Grecia le pida liquidez extra para sus bancos. Porque el problema no es que Grecia no quiera pagar, sino QUE NO PUEDE, por más que quieran sacarle a los griegos hasta el higadillo. Y aún pueden hacerlo todavía más, sacando a Grecia del euro para dar una lección ejemplarizadora. ¿Se atreverán? Quizás lo hagan, pero de hacerlo las consecuencias para Europa también serán imprevisibles porque ya deberíamos haber aprendido que no todo está escrito. Si Grecia sale del euro, no sabemos cuál será su inmediato futuro, pero quizás no estará sola en este desmembramiento europeo.

Y, con un abrumador resultado del referéndum griego, Varoufakis dimite. ¡¡Impresionante!!
¿Puede entenderlo alguien de los mediocres gobernantes europeos, incluido nuestro gobierno español? Tenemos mandatarios imputados (todos los del FMI), tenemos ministros bajo sospecha (como el español), juicios por corrupción y malversación, mala gestión y despilfarro por doquier, trampas y engaños en las cuentas y la fiscalidad, … e incluso la pérdida de este referéndum para los mandatarios europeos, pero nadie dimite. Nunca dimite nadie de los que tienen intereses personales, ocultos, oscuros, y poco democráticos. Esos no dimiten.
Pero Varoufakis, el triunfador de la noche junto a Tsipras, dimite porque sabe que su seguridad, su entereza, su gallardía hacen que salga sarpullidos a los políticos grisáceos de Europa. Porque a veces, detrás de las decisiones racionales, se ocultan también complejos personales, envidias, y mezquindades. Tampoco el comportamiento del gobierno griego, tan personalista y divino, ha sido la mejor estrategia de negociación. Pero entre tantos errores cometidos, ¡¡menuda lección de democracia nos acaba de dar el pueblo griego!!

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Del “Asalto al poder” a la “Marca blanca”

No va a resultar fácil adivinar la composición ideológica de los próximos gobiernos autonómicos y municipales.
Parece que algo que han conseguido los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, es desdibujar el mapa ideológico español. Con su permanente reivindicación de lo “nuevo” frente a lo “viejo”, y el intento de eliminar fronteras entre la derecha y la izquierda, con el fin de pescar votantes en el rio revuelto, han terminado por aplicar recetas confusas en sus pactos.
“Podemos” ha querido dividir a la ciudadanía española entre los de “arriba” y los de ”abajo”, y no les faltaba razón con muchas de las acusaciones que hacían de “casta” o de anquilosamiento político frente a las necesidades ciudadanas. Vinieron a sacudir la apatía y a remover conciencias, pero, aunque su éxito electoral ha sido enorme para una nueva formación, no han conseguido asaltar el poder en el primer round.
El problema es que no pueden permanecer vírgenes hasta la próxima contienda electoral de las generales, porque hay autonomías y ayuntamientos que deben ser gobernados ya, y no se puede alargar la incertidumbre de forma permanente. La encrucijada para Podemos es que si pactan con el PSOE desdibujan su purismo, pero si no lo hacen, dejan en manos del PP muchos gobiernos municipales o permiten que sea Ciudadanos quienes tengan la llave. Y está resultando imposible mantener una línea coherente de pactos, que pase por arrinconar al PSOE. Así, vemos incongruencias como la ocurrida en Andalucía frente a Extremadura o Castilla la Mancha.
Mientras, Ciudadanos ha puesto su bandera en combatir la corrupción. Resulta imprescindible eliminar esta lacra de nuestra sociedad y, fundamentalmente, de nuestro sistema político. El aire es irrespirable; en la Comunidad Valenciana, por ejemplo, al igual que en Madrid, no pasa ni un solo día que no exista un registro de la guardia civil, un nuevo imputado u otro caso de corrupción. El PP ha conseguido embarrar cualquier institución democrática, generando sospecha sobre todo y todos.
Ahora bien, el propósito de Ciudadanos se va desdibujando a medida que se acercan a los gobiernos municipales. En muchos pueblos observamos trapicheos donde, siendo una lista claramente minoritaria, se proponen como alcaldes. También será difícil seguir la línea de gestión de un partido que mantiene alianzas tanto con el PP como con el PSOE. No es lo mismo Andalucía que Madrid.
Ciudadanos ha querido desmarcarse desde el inicio de la acusación de ser la marca blanca del PP, y para ello, se ha esforzado en no ser ni de derechas ni de izquierdas, para quedar al final como intercambiable.
Los nuevos partidos han aportado mucho al panorama español: han dado frescura, han cuestionado los status, han obligado a la transparencia, han roto el bipartidismo y las mayorías absolutas, han fragmentado el voto español abriendo la puerta a las negociaciones y los consensos, han devuelto la participación y la ilusión a muchos españoles. Pero, tal y como se están realizando muchas de las negociaciones y los pactos, la ciudadanía permanece perpleja.
Una vez superada la controversia entre “lo nuevo y lo viejo” y con la justicia actuando sobre los corruptos, se necesita algo más en la acción política, y hasta el momento, poco han aportado los nuevos partidos. Porque se necesitan programas de gestión y, mucho me temo, que nos vamos a encontrar una enorme variedad de medidas en función de los pactos establecidos.
Tampoco las formas que se están presentando son las más ejemplares. Es cierto que toda negociación es enmarañada y que, cuando se entrecruzan los intereses generales con la defensa legítima de los particulares de cada partido, los equilibrios resultan complejos. Así está sucediendo en la Comunidad Valenciana, donde las distintas fuerzas progresistas tienen sus razones, pero parecen incompatibles a entenderse. Muchos pensamos que, al final habrá acuerdo entre las fuerzas progresistas, pero empieza a tener un sabor amargo, porque parece que el entendimiento no se debe a compartir los mínimos comunes desde posiciones de izquierda, sino a que la otra opción es claramente el abismo, pues pasa por revitalizar al PP que ha sido la lista más votada en muchos ayuntamientos.
La gran incógnita después de estas negociaciones es hacia dónde caminará España, más allá de la fragmentación política, cuál será el posicionamiento ideológico de sus gobiernos y si los españoles sabremos distinguir la mano derecha de la izquierda. Un primer paso esencial es gobernar con honestidad para recuperar la confianza con las instituciones políticas; un segundo paso es gestionar con eficacia, alejándose de los desmanes y despropósitos, de los despilfarros y los abusos de poder; pero, un tercer paso, es saber qué se decide y por qué.
Y esto está hoy más confuso que nunca.

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Han ganado las izquierdas

Ayer mismo, en una jornada de reflexión organizada por la UIMP de Valencia, una amiga comentó que “han ganado las izquierdas” y “no habrá dos oportunidades para formar gobiernos diferentes: o es ahora o en cuatro años volverá a ganar la derecha vestida como sea”. Y, en mi opinión, tiene toda la razón en ambas reflexiones.
En España, siempre hemos visto la división política entre una derecha compacta y unitaria frente a una izquierda plural y diversa. Este diferente comportamiento político y electoral corresponde a una visión distinta de la democracia: la derecha ha entendido siempre la democracia como una estrategia de juegos electorales, por ello, la primacía de un único partido que recogiera todas las particularidades, desde el centro derecha a la extrema derecha, aunque fuera a costa de anular el arco iris del pensamiento diverso, era una prioridad necesaria para ganar elecciones; por el contrario, la izquierda española siempre ha tenido partidos más flexibles y unos votantes más exigentes a la hora de ejercer su voto, donde no era tan importante ser cola de león como mantener la proximidad con las ideas o sentimientos políticos, aunque ello significara pertenecer a una organización minúscula. La democracia como estrategia frente a pluralismo.
Pero ahora estamos en una situación nueva y desconocida en España. Aunque previsible y deseable. Se veía venir que, si se ganaba a la derecha, sólo podía ser mediante la suma de votos de una izquierda plural y fragmentada. Como así ha sido.
Se han sustituido las mayorías absolutas por el pacto y la negociación; la imposición del ordeno y mando por el diálogo y el consenso; la voz unitaria por las voces plurales; en definitiva, el mando por la política. Porque la política es negociar, hablar, consensuar, y utilizar la diplomacia como un ejercicio práctico de gobierno.
Pero eso no es fácil y no estamos acostumbrados. Ése es el reto. Y si no se consigue, se generará la frustración del votante de izquierdas y no habrá otra oportunidad para corregir errores de falta de entendimiento.
El PP necesita desmontarse por completo, limpiar con desinfectante todas sus tuberías desde la central a cualquier municipio, dimitir toda una cúpula aznarista comenzando por el propio Rajoy (no sólo por la pérdida electoral sino por los sobres y la corrupción), y refundarse, si le da tiempo y no le coge la mano Ciudadanos. De momento, la crisis está instalada y se ven dos posiciones radicalmente diferentes: los barones regionales que ya han dimitido “en diferido” y los “tótems” de la derecha como Aguirre o Barberá que, patéticamente, se agarran a insultos, descalificaciones, movimientos desordenados, y propuestas de “gobierno de concentración” absolutamente descabelladas, no se sabe bien para qué.
Los partidos de la izquierda, viejos y nuevos o como quiera usted llamarlos, tienen la obligación de gobernar, no de realizar cálculos electorales de cara a las elecciones generales. Y tienen que hacerlo de otra manera, con otras palabras, con otro estilo, con una capacidad diferente: a imagen y semejanza de Manuel Carmena o de quien también tiene sus mismas peculiaridades Ángel Gabilondo.
No resulta sorprendente que sea alguien como Manuela quien puede dar ejemplo: una mujer feminista, comprometida, activa, sólida intelectualmente, sin pretensiones, sin ninguna necesidad de destacar ni de absorber poder porque ya lo ha hecho todo, es de esas personas que han ido y vuelto mientras los demás aún estamos tropezando, libre de ataduras, independiente de organizaciones, que sólo tiene dos compromisos: con la gente y con ella misma.
En mi Comunidad Valenciana, estamos hablando aún de los “quienes” ocuparán cada puesto, pero también hay que hablar del “qué” nos une. Y hay una primera prioridad que es indiscutible e innegociable: “Los valencianos, aún más pobres pese a la mejora de la economía. La renta media de los hogares continúa cayendo: uno de cuatro vive ya en el umbral de la pobreza”.
Han ganado las izquierdas pero también quiero que gobiernen las izquierdas. Nos lo deben a los millones de ciudadanos que hemos puesto nuestra indignación, nuestro compromiso y nuestra confianza

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¿Bipartidismo o pluralidad?

Confieso que yo soy de las defensoras de la pluralidad política. Me gusta el diálogo, el consenso, el pacto, la negociación, y creo que las mayorías absolutas acaban por dividir en dos los parlamentos sin posibilidad práctica de diálogo, porque no hace falta.
Sé que la pluralidad siempre es más difícil de gestionar, pero obliga a elevar la práctica democrática, a buscar puntos de consenso, mínimos comunes sobre los que negociar, moderar posiciones extremas, y mirar el interés general de la mayoría.
Sinceramente, pienso también que la alternancia política de un bipartidismo que ha durado tantos años ha llegado a adormecer el sistema, puesto que se han creado lazos de connivencias difíciles de asumir bajo la presunción de “o tú o yo”. Un bipartidismo que ha impedido en ocasiones la riqueza de otras aportaciones o propuestas de interés pero que no cuentan porque sólo cuenta los votos en un parlamento.
Pero, el experimento andaluz no está saliendo bien. Alejarnos del bipartidismo, de sus estrecheces, de su encorsetamiento, no puede ser a costa de caer en un barullo de presiones con la vista fija en las elecciones generales y no en los pactos de gobierno.
Lo que venga después será complejo, muy complejo, pero abre la puerta a un cambio de modelo democrático más sutil. Ahora bien, los ciudadanos piden acuerdos, no bloqueos. Si las mayorías absolutas se han acabado es porque viene una época de acuerdos y pactos, de entenderse, de saber hablar, de poner puntos en común. La ciudadanía demanda que los políticos sepan hablar entre ellos, y ese es el reto que ahora está encima de la mesa.
¿Qué es lo que nos espera? ¿Puro tactismo? ¿No le importa a ningún partido lo que ocurre en Andalucía, sino solamente el resultado en las elecciones generales?
Si los nuevos partidos, que son los que se definen como capaces de hacer otra política, son incapaces de establecer acuerdos y diálogos, y que sencillamente quieren aprovechar su posición de fuerza, aunque sea con unos escaños mínimos pero necesarios para gobernar, es que no hemos aprendido nada.
Los españoles han cambiado el mapa político deseando que el bipartidismo termine y que no haya mayorías absolutas pero los políticos (y más decepcionantes, los llamados “nuevos”) no están preparados para este nuevo escenario. Siguen con las viejas estrategias de tactismo.
El partido de Podemos puso condiciones encima de la mesa como la salida de Griñán y Chaves, pero una vez conseguido, puso otras nuevas para seguir apretando. Ciudadanos ve como sube su cotización sustituyendo al PP, pero no pueden votar con ellos hasta que no lleguen las generales, pues supondría contestar a quienes dicen que es el edulcorante del PP; mientras tanto, juegan a la ambigüedad, aunque sus listas municipales se nutran de gente que provienen de otros partidos (PP y UPyD) y que tienen un enorme tufo a arribistas.
No sé qué ocurrirá en las elecciones generales, ahora mismo, todo es imprevisible. Pero si las elecciones autonómicas y municipales acaban siendo también “moneda de cambio” para que los partidos sigan bloqueando las instituciones en busca de mejor acomodo, quizás, los españoles tomen nota en una siguiente votación

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La boda de la hija de Aznar

En Valencia se acaba de estrenar la obra de Alberto San Juan sobre las declaraciones reales de Luis Bárcenas ante el juez Ruz. Una magnífica obra interpretada magistralmente por Pedro Casablanc y Manolo Solo. Lo más espeluznante es que todo lo que decían los actores era verdad, no es ficción teatral, es la representación de la corrupción en España.

Posteriormente se realizó en el mismo teatro un debate sobre la corrupción al que asistieron todos los partidos políticos menos el PP (como suele suceder siempre). Un debate en pleno proceso de todos los casos que inundan la Comunidad Valenciana y que ya resulta imposible mencionarlos: desde Gürtel con Camps, hasta Castedo y Ortiz, o Rus contando billetes. De Norte a Sur y de la costa al interior.

Todos los partidos se esforzaron en presentar medidas para prevenir la corrupción y para combatirla posteriormente. La buena voluntad de los que allí estaban es indudable, así como el esfuerzo de muchos de ellos que están peleando para sacar a la luz tantas mentiras, engaños y corrupción como se ha asentado en Valencia. Cualquier partido puede tener corruptos en sus filas y nadie representa la “pureza” inmutable, así que bien está que se regule, modifique y refuerce el sistema democrático.

Pero, lo ocurrido en España no es normal. No son sólo los regalos o las comisiones o los hoteles de lujo. El entramado tiene otras características.

En primer lugar, lo ocurrido en el PP no son casos aislados. El entramado de corrupción se ha extendido por toda España, desde autonomías a municipios, de una forma bien organizada.

En segundo lugar, para que todo el mundo callara y silenciara lo que pudiera ver, se necesitaba que los sobres, los regalos, los favores, los puestos a familiares, los cargos, etc, corrieran de arriba abajo.

En tercer lugar, no todas las empresas participaban del entramado. Hace muchos años que en la Comunidad Valenciana no hay libertad de concurrencia pública. Sino que están las empresas amigas, como Sedesa u Ortiz, algunas de ellas se han hecho “grandes” bajo el mandato del PP saliendo apenas de la nada.

En cuarto lugar, era necesario crear un imaginario colectivo que transmitiera que el PP era poderoso, invencible, el mejor, los triunfadores que inspiraban confianza y seguridad. Y eso se hizo con campañas ilimitadas económicamente: crear una imagen de poderío absolutamente falaz que nos ha llenado de deudas pero que embobaba a la gente en general.

Y, por último, no es normal en una sociedad democrática que sigan al frente del Gobierno las mismas personas que están siendo investigadas por corrupción y financiación ilegal, por cobrar sobres en negro, por cuentas en B, por nepotismo y por un posible entramado organizativo delictivo.

Deberíamos volver la vista atrás, a una de las escenas que este país ha vivido y que, en mi opinión, es de una obscenidad sin nombre, y que nunca ha sido suficientemente criticada ni investigada: la boda de la hija de Aznar.

Aquel 5 de noviembre del 2002 se produjo un espectáculo abominable en una sociedad democrática, tanto en la forma como en el fondo, es decir, en lo que vimos como en lo que no sabemos. Y ahora, después de haber cambiado la sociedad, indignada por la grave crisis que vivimos, y cuando el PP se derrumba en medio de su porquería, habría que preguntarse de nuevo: ¿fue normal que un presidente del Gobierno, elegido democráticamente, casara a su hija como una “princesa”, con toda clase de lujos, mediáticamente impresionante, y con toda la estructura de poder (política, económica, y mediática) a sus pies?

Pero entonces sólo se llenaban las páginas de las revistas con la despedida de soltera, con las fotos de los amigos, con los regalos recibidos, con el magnífico Escorial, y un largo etcétera.

Lo que se vio, en mi opinión, ya era indecencia pura. Pero, ¿cómo se pagó? Dijo entonces el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy (el que hoy como presidente se fuma un puro) que no les costó un euro a los españoles. Eso no se lo cree ni él. O directamente o indirectamente a través de la trama corrupta o de los favores de empresarios amigos o de sobres que circulan o de regalos a cambio de contratos, …esa boda fue la alianza del PP con muchos de los que allí asistieron, desde imputados al entramado.

Algunos gastos de los que se rumorea se pueden encontrar en diferentes fuentes mediáticas: el anillo de pedida (12.000), la despedida de solteros (42.000), almuerzo previo a algunos invitados (3.500), la finca de la boda que cuesta 6.000 euros el día de alquiler (pero que salió gratis según atestiguan), las carpas (9.600), mobiliario, calefacción, adornos, menú, bebida, fiesta, regalos, transporte, … ¡¡¡¡¡para 1.100 invitados!!!!

Lo que aquella boda costó a los españoles ya lo estamos viendo ahora: la degradación moral de un partido político cuya estructura está probablemente corrupta.

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El 1º de mayo necesario pero invisible

Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo más necesario que nunca.
La crisis económica que no termina y a la que no se le ve el final, la pérdida de derechos sociales y laborales, una reforma laboral asfixiante pero insuficiente para calmar la voracidad del “austericismo” europeo, la corrupción pegajosa e insultante que sigue enseñando las miserias de un país que fue engañado bajo el brillo del oro falso, y la desigualdad que aumenta y aumenta creando una división de clases más profunda que nunca y llevando a la desesperación a miles de familias.
Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo que debería salir a la calle con fuerza para contestar a los insultantes comentarios de Esperanza Aguirre contra los pobres que “ensucian” el paisaje madrileño para los turistas, para denunciar la privatización de beneficios y la socialización de pérdidas provocadas por el despilfarro y la corrupción, para gritar contra los ladrones de whisky en la mano que han saqueado los ahorros y las ilusiones de tantos españoles.
Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo que debería gritar contra la mordaza que el gobierno ha puesto sobre la ciudadanía para que no se manifieste ni proteste, y que ahora pretende poner sobre la información de prensa para que no descubramos las fechorías cometidas por los sinvergüenzas crecidos al calor de los gobiernos del PP. Frente a la libertad de prensa que se celebrará el próximo día 3, el gobierno pretende matar al mensajero para que sigamos ciegos en un túnel de horror y mentiras.
Seguramente, deberíamos pelear con todas nuestras fuerzas por el Estado de Bienestar que fue el corazón de Europa, que era la razón moral de la construcción política de un proyecto humanista, y que hoy ha sido el primer sacrificado por las garras de la codicia y la macroeconomía que habla de número y no de personas.
Y seguiría la interminable lista de problemas, angustias, pérdida de derechos, mentiras y corrupciones, … que dan sentido a un grito unánime que llene las calles de toda España, diciendo que, hoy más que nunca, necesitamos sumar fuerzas para que la Democracia conquistada no siga agonizando.
Pero, no será así. Ese 1º de mayo necesario no responderá a la realidad económica y social que estamos viviendo, porque también se solapa la crisis que viven los sindicatos, la falta de ideario que una todos los problemas ciudadanos, el desgaste anímico de las organizaciones, la falta de credibilidad, la poca esperanza ciudadana en que sirva para algo, …
Tampoco sabemos dónde y qué harán los llamados “nuevos partidos”, los que no quieren hablar de ideologías, pero sí de “viejo y nuevo”.
Ya sabemos que la celebración reivindicativa del 1º de mayo pertenece a otro siglo. Se inició en 1889 por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional en París.
Hoy, muchos ciudadanos ya no saben a qué clase social pertenecen, si son o no trabajadores, y eso qué les aporta; tampoco lo de “obrero” o “socialista” está de moda; y, hace mucho, que la Internacional Socialista no ha pegado un puñetazo en la mesa haciendo oír su voz con claridad.
La confusión es tanta que nos hemos perdido en el camino y eso hará que no sepamos si hemos o no de salir a la calle, con quién, por qué, y para qué.
Lamentablemente, lo que no ha cambiado es la tozuda realidad que sigue abocando a millones de personas a seguir cayendo por un pozo de desigualdad económica y laboral de la que no sabemos salir.

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