A Europa, los árboles le impiden ver el bosque

No es la primera vez en la Historia que Europa no comprende la realidad global en la que está inmersa. Y cuando esto ocurre, las consecuencias han sido graves.

Una vez más, desde que se inició esta larguísima crisis económica de la que nuestros gobernantes no saben salir, los problemas se acumulan encima de la mesa, y el último que llega es el más urgente y el primero a atender, olvidando otros que también fueron importantes hace tan sólo días.

Pero es cierto que cada último problema es más grave que el anterior. Hemos vivido la crisis griega como si se fuera a producir la ruptura de Europa, la salida del euro, la caída de las bolsas, el fin del mundo occidental tal y como lo conocemos, hasta que ha llegado otra realidad a nuestras fronteras, mucho más dura y cruel: los refugiados sirios.

Afortunadamente, la sociedad civil está reaccionando de una manera ejemplar ante esta gravísima crisis humanitaria, dando ejemplo y obligando a los gobernantes a no mirar hacia otro lado. Ahora bien, probablemente los dirigentes europeos reaccionan porque los refugiados llegan a las puertas de Alemania, incordiando las cifras macroeconómicas de Merkel.

Nuestras costas mediterráneas y nuestras fronteras españolas, Lampedusa o Ceuta por ejemplo, viven situaciones dramáticas, inhumanas, insostenibles éticamente, sin ningún tipo de justificación, pero que no se resuelven porque no han llegado a las puertas de Berlín. Pero los sirios sí.

No sólo tienen hambre, miedo, angustia, temor, sino que su país está en guerra. No son inmigrantes pobres, son refugiados de guerra. Y tienen un objetivo: cruzar Europa.

¿Se ha asustado Merkel cuando ha visto que no puede frenar el problema manteniéndolo lejos de sus fronteras? ¿Está intentando limpiar su imagen demostrando que también tiene corazón, para que se entienda que el castigo a Grecia es ejemplarizante? ¿Ve acaso una oportunidad ante la llegada de unos refugiados jóvenes, preparados, con formación?

Sea lo que sea, bienvenido este cambio de actitud de Europa, liderado por Merkel, quien ha tomado, por primera vez, las riendas de colaborar colectivamente para solucionar un problema. Mientras, siento vergüenza ante declaraciones del Gobierno español negociando una ridícula cifra de acogida de refugiados, entre 15 0 17 mil, como si ello fuera a hundir la economía española, estigmatizando también a quienes están huyendo.

Pero el problema de Europa, a quien se le acumulan los problemas a cual más grave, porque la inmediatez y urgencia de los refugiados sirios no elimina, tan sólo aplaza, la grave situación griega, es que no ve que los árboles le impiden ver el bosque.

La realidad es cómo se está construyendo la nueva Europa que saldrá de la crisis, cuáles son los valores constitucionales y morales, cómo reaccionamos ante lo desconocido. Y hay una base de fondo sobre las que nos estamos moviendo: la desigualdad.

Que en la época de crisis económica, Europa siga aumentando alarmantemente su desigualdad social es el origen de los problemas. España tiene hoy el 25% de sus hogares en riesgo social, mientras que se ha duplicado el número de multimillonarios que tienen más de 30 millones de euros.

La actitud ante la acogida de los refugiados sirios nos está devolviendo la esperanza de que Europa es algo más que una cuenta corriente, que los números macroeconómicos, que el FMI o que las sanciones ante las deudas. Lo que ahora hace falta es que esta actitud novedosa no se detenga, sino que sirva para regular el problema de la inmigración, frenar la desigualdad social, devolver los derechos a los ciudadanos, …. En definitiva, reconstruir nuestro proyecto europeo

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