Cierre de legislatura con maquillaje en el PP

Hoy ya es día de valoraciones sobre la gestión del Gobierno de Rajoy, porque él mismo cierra el curso político e inicia ya su larguísima precampaña para las elecciones generales, aún no convocadas.

Durante estos meses, nos inundará de “macroeconomía”, de cifras absolutas difíciles de comparar, de PIB, déficit, encuestas de desempleo con lecturas intencionadas, y ofrecerá alguna mísera conquista como el 1% para los funcionarios, el aumento de empleo siempre precario y con gran pérdida de derechos, y una rebaja del IRPF que tendremos que pagar posteriormente en la siguiente declaración.

Pero los españoles no hablan de macroeconomía ni lamentablemente estas circunstancias nos están generando felicidad y bienestar.

Durante el Gobierno del PP hay otras decisiones que afectan profundamente al Estado de Bienestar español, así como una nefasta gestión en temas de esencial importancia: el aumento desesperante de la pobreza y la desigualdad que no cesa, la precariedad del empleo, la fuga de cerebros y gente joven, la presión sobre las familias españolas, la ley mordaza, los desahucios, el difícil acceso a los estudios universitarios, la retirada de la sanidad universal a los más desfavorecidos, la pérdida de peso en nuestro papel internacional (incluso en temas donde podríamos estar bien situados como el desbloqueo con Cuba), la tensión con Cataluña que está rompiendo las relaciones autonómicas, y ahora faltaba el nombramiento en la Audiencia Nacional con la intención de controlar hasta la judicatura.

Todo ello aderezado por la gran mancha pringosa de la corrupción que Rajoy no puede eludir, aunque esté permanentemente mirando hacia otro lado como si el asunto no fuera con él. Pero ni el PP ni Rajoy pueden limpiar internamente pues ni Gürtel ni Púnica son casos aislados, sino perfectamente orquestados para conseguir financiación irregular tanto para el partido como para los bolsillos privados.

No van bien las cosas, ni mucho menos. El triunfalismo de Rajoy ni siquiera se quedará de puertas para dentro en su propio partido, que está sufriendo los desgarros de la gran pérdida electoral autonómica y municipal.

Rajoy actuará en la gestión de España como actúa con la gestión de su partido: mediante maquillajes que difuminen las sombras.

Ante la pérdida de votos y el enfado ciudadano, Rajoy no ha variado su camino, ni ha pedido perdón, ni ha obligado a dimisiones, ni ha asumido responsabilidades, tan sólo ha hecho maquillaje cambiando caras para que los mensajes de siempre suenen con otro tono de voz.

Así vemos aparecer caras jóvenes como la de Pablo Casado o Javier Maroto, con el fin de que el mensaje del “y tú más” resista la temporada siguiente. Se cambia la gaviota de tamaño, se moderniza la música, y se ponen otros “rostros” al frente.

Las actuaciones del PP se realizan siempre bajo la estrategia electoral y el marketing. Y, de la misma forma, Rajoy ha actuado en Cataluña poniendo al frente a Xavier García Albiol. Muy mal se debe ver allí el resultado electoral cuando su apuesta es mantener a los más fieles de la extrema derecha, ya que en la contienda electoral catalana, el PP no tiene espacio.

Pero ojo, que aquí puede haberse pasado de frenada. Albiol no da el paso para guardar solamente los muebles destrozados en Catalunya. Su aparición en la primera línea política puede despertar a un sector del PP que últimamente estaba desorientado, y que espera agazapado liberarse de “liberalismos y modernismos” para devolver al PP a sus verdaderas esencias.

Las palabras, acciones y pensamientos de García Albiol no son solamente marketing electoral. Él no pretende disimular nada lo que piensa, y sus pensamientos son claramente xenófobos y ultraconservadores.

Xavier García Albiol puede abrir la caja de Pandora del PP.

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