Acabamos de descubrir que resulta necesario introducir VALORES en la enseñanza y la formación de nuestros niños y jóvenes. Nos preguntamos: ¿qué está ocurriendo con la falta de respeto que muestran los chavales? Y ¿quién tiene la culpa de ellos: los padres, los profesores, los medios, la televisión, los amigos …?

Empecemos a ponernos de acuerdo en algunas cosas. Primero, es necesario y urgente que el profesor/maestro vuelva a tener autoridad ante sus alumnos. Segundo: toda la sociedad ha de colaborar en “educar” en respeto y convivencia.

El problema de la falta de disciplina y autoridad no viene de ahora. Se ha ido larvando desde hace tiempo y es producto de un desarrollo cultural y social que aún estamos digiriendo. Empecemos a descartar todas las partes que tienen responsabilidad: es cierto que se ve mucha violencia en la televisión; es verdad que nuestra sociedad de consumo propicia a “dar” a los jóvenes todo lo que piden para que no les falte de nada como nos ocurría en otras épocas; es real que muchos padres desacreditan la autoridad de los profesores; y también resulta que nuestra sociedad de triunfos valora más a quien gana dinero rápido, a quien triunfa con poco esfuerzo, y margina la investigación, el esfuerzo, la constancia, la tenacidad, y el afán de superación. Los chavales sueñan con ser cantantes o futbolistas, pero no investigadores o escritores, por poner algún ejemplo.

Pero hay algo que no hemos mencionado. Gestionar la libertad es mucho más difícil que mandar en el autoritarismo.

No sirven ya los ejemplos que nos recuerdan que “cuando mi padre me dirigía una mirada ni me movía, pues ya sabia los que me esperaba”. No se puede volver atrás. Ni pensar que nuestros progenitores nos educaban mejor. La autoridad no puede venir desde el ordeno y mando, sin ninguna reflexión, porque hemos luchado mucho para conseguir una sociedad autocrítica y de participación.

Pero entre el padre de antes – que no admitía opinión y en su casa se hacía lo que él decía -, y los padres modernos – que prefieren ser colegas antes que educadores -, hay un paso gigante.

Gestionar la libertad es dejar también que el joven aprenda a ser autosuficiente, autónomo, capaz de fracasar por sí mismo (sin que papá lo saque de todos los apuros porque tiene dinero), aprender el esfuerzo de ganar un sueldo, la independencia de labrarse un futuro (incluso de aprender algo tan sencillo como poner una lavadora).

Hay que aprender a decir NO. El niño tiene que asumir que todo no es gratis y que papá no es un pozo sin fondo. Estamos preocupados y aterrados porque hemos sido superprotectores, porque hemos querido darle a nuestros hijos lo que no tuvimos, y porque los hemos convertido en unos pequeños dictadores y autoritarios que sólo entienden de derechos y no de responsabilidades.

En mi opinión, la solución no está en crear leyes y decretos que otorguen sobre papel la autoridad del profesor. Quizás no haga daño escribir normas, salvo que no se apliquen, pues entonces generan mucha más frustración y decepción, al desconfiar en un sistema que no funciona. Los jóvenes deben aprender que tienen deberes y responsabilidades que asumir.

Algunos de los que enarbolan la bandera de la disciplina, sólo saben utilizar desde el ordeno y mando, pero no desde el respeto. Cuando echamos un vistazo al panorama político que es espejo del reflejo de la sociedad, vemos un caldo de cultivo poco moralizante: la falta de ética y respeto de un partido como el PP incapaz de limpiar y apartar a sus corruptos; la continua pelea demagógica buscando unos votos a corto plazo en lugar de consensos estables para el bienestar de nuestro país; el arrinconamiento de mentes lúcidas y preparadas porque hemos anticipado la jubilación a los 50; el ansia y la ambición de unos jóvenes que no han quemado etapas y que lo único que tienen en su currículo es “pasar” por la Universidad.