Como un grito de angustia y rebeldía, como un canto de esperanza, como una llamada de auxilio, como una marea de dignidad, el pueblo griego ha realizado un referéndum absolutamente democrático para que Europa oiga lo que los griegos quieren y necesitan.
Pero, ¿lo han oído desde las instituciones europeas?
Soy la primera sorprendida de que Tsipras haya ganado un referéndum difícil que, desde el principio, estuvo acorralado por el miedo impuesto por Merkel y sus acólitos, por las amenazas veladas de gobiernos conservadores como el español, por las presiones financieras, por un corralito absurdo y angustioso. Aún así, cuando mi corazón me dictaba votar un OIXO clamoroso y potente, mi razón me decía que Tsipras perdería ante el miedo de sus conciudadanos. ¡Y no ha sido así!
Esa es la primera lección que debemos constatar. Hace ya tiempo, desde que se inició la crisis económica, la ciudadanía europea está tomando decisiones que rompen la “razón” oficial y oficiosa que nos condujo a esta crisis económica, política y moral. La ciudadanía está demostrando más agallas y valentía, más coraje democrático que las propias instituciones democráticas y, sobre todo, está votando con el corazón y la razón en la misma papeleta.
Pero ahora, la derecha mediática ya se ha recuperado, a velocidad de vértigo, instantes después de quedarse colapsada por el resultado del referéndum. Escucho con estupor que dicen cosas como: “el sí no tuvo opción de explicarse convenientemente”, “el referéndum ha estado manipulado por el sentimentalismo de Tsipras”, “los griegos están siendo odiados porque no quieren asumir los costes de su mala gestión anterior”, “¿para qué un referéndum si van a negociar lo mismo que antes?”. Y un largo etcétera de improperios y argumentos absurdos para justificar de nuevo la mano dura contra Grecia.
Me temo y me preocupa que las instituciones europeas no hayan aprendido nada.
En primer lugar, que Europa está absolutamente desnortada, que se ha convertido en un continente viejo y raquíticamente democrático, con una Merkel al frente que no sabe gestionar la crisis. Por mucho que quieran justificar e imponer, Europa sigue en la estacada cuando el resto del mundo superó hace tiempo la crisis económica.
Pero mucho peor, hemos perdido por el camino lo que significa la Democracia, el valor de la palabra de los pueblos, los gobiernos elegidos democráticamente, el respeto a la política y la sumisión de la economía a una buena gestión. Europa se ha convertido en una institución voraz. Con la crisis se ha merendado las condiciones democráticas de los pueblos. Porque no hemos de olvidar que, detrás del ahogo a Grecia, ha estado también y fundamentalmente un acoso ideológico contra el gobierno de Tsipras. Alemania, Merkel, la Unión Europea, el Banco Central, ….no pueden permitir que gobiernos de izquierda se levanten contra el austericismo del gobierno alemán. Tenían a la fuerza que acabar con la democracia griega para que no hubiera contagios en otros países, como puede ocurrir en España. Rajoy es un alumno disciplinado, un perro fiel de las políticas conservadoras, y Grecia está suponiendo la voluntad de un pueblo.
Quien ha intentado machacar a Grecia es la misma Europa, con los mismos gobernantes, con las mismas instituciones, que permitieron las estafas, los chanchullos, los gobiernos corruptos, las cuentas falsas, y un largo etcétera. Resulta tan vergonzoso que sigan al frente de la solución los que generaron la crisis que lo extraño es que el pueblo europeo no se alce en un clamoroso referéndum popular para echar de las instituciones a tan vergonzantes personajes.
Y encima se han equivocado una vez más creyendo que podrían cargarse a Tsipras y al gobierno griego a través de este referéndum. Se equivocaron porque no han calibrado bien que se tiene miedo cuando se tiene algo que perder, pero han apretado tanto la cuerda, que los griegos han superado su propio miedo. Llevan tantos años de incertidumbre, de angustia, de vivir al filo de las circunstancias económicas, que ya no tienen miedo que perder.
Si Tsipras hubiera perdido el referéndum, hoy estaría muerto, dimitido. En cambio, ¿piensa asumir la troika la responsabilidad de sus acciones y las equivocaciones cometidas?
Una vez más, una más sumada a tantos errores y equivocaciones, las instituciones europeas se han equivocado. ¿Piensan rectificar? Pues me temo que no. Aquí sí que no concibo ninguna esperanza. A no ser que haya una ruptura europea y no, como Merkel pretende, entre el Norte y el Sur, sino entre Alemania y Francia. Una ruptura que suponga una alianza diferente de países. Aunque los socialdemócratas europeos salen tocados porque Martin Schultz no ha dejado ningún margen a un proyecto diferente.
Si no se cambia el rumbo, Europa está condenada a dejar de ser un proyecto político, una coalición de países, un sueño de derechos.
Ahora, la primera y más importante decisión no está en manos de Merkel que no hemos de olvidar que está ejerciendo un papel suprarepresentado. Ahora le corresponde a Mario Draghi, presidente del BCE, cuando Grecia le pida liquidez extra para sus bancos. Porque el problema no es que Grecia no quiera pagar, sino QUE NO PUEDE, por más que quieran sacarle a los griegos hasta el higadillo. Y aún pueden hacerlo todavía más, sacando a Grecia del euro para dar una lección ejemplarizadora. ¿Se atreverán? Quizás lo hagan, pero de hacerlo las consecuencias para Europa también serán imprevisibles porque ya deberíamos haber aprendido que no todo está escrito. Si Grecia sale del euro, no sabemos cuál será su inmediato futuro, pero quizás no estará sola en este desmembramiento europeo.

Y, con un abrumador resultado del referéndum griego, Varoufakis dimite. ¡¡Impresionante!!
¿Puede entenderlo alguien de los mediocres gobernantes europeos, incluido nuestro gobierno español? Tenemos mandatarios imputados (todos los del FMI), tenemos ministros bajo sospecha (como el español), juicios por corrupción y malversación, mala gestión y despilfarro por doquier, trampas y engaños en las cuentas y la fiscalidad, … e incluso la pérdida de este referéndum para los mandatarios europeos, pero nadie dimite. Nunca dimite nadie de los que tienen intereses personales, ocultos, oscuros, y poco democráticos. Esos no dimiten.
Pero Varoufakis, el triunfador de la noche junto a Tsipras, dimite porque sabe que su seguridad, su entereza, su gallardía hacen que salga sarpullidos a los políticos grisáceos de Europa. Porque a veces, detrás de las decisiones racionales, se ocultan también complejos personales, envidias, y mezquindades. Tampoco el comportamiento del gobierno griego, tan personalista y divino, ha sido la mejor estrategia de negociación. Pero entre tantos errores cometidos, ¡¡menuda lección de democracia nos acaba de dar el pueblo griego!!