No va a resultar fácil adivinar la composición ideológica de los próximos gobiernos autonómicos y municipales.
Parece que algo que han conseguido los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, es desdibujar el mapa ideológico español. Con su permanente reivindicación de lo “nuevo” frente a lo “viejo”, y el intento de eliminar fronteras entre la derecha y la izquierda, con el fin de pescar votantes en el rio revuelto, han terminado por aplicar recetas confusas en sus pactos.
“Podemos” ha querido dividir a la ciudadanía española entre los de “arriba” y los de ”abajo”, y no les faltaba razón con muchas de las acusaciones que hacían de “casta” o de anquilosamiento político frente a las necesidades ciudadanas. Vinieron a sacudir la apatía y a remover conciencias, pero, aunque su éxito electoral ha sido enorme para una nueva formación, no han conseguido asaltar el poder en el primer round.
El problema es que no pueden permanecer vírgenes hasta la próxima contienda electoral de las generales, porque hay autonomías y ayuntamientos que deben ser gobernados ya, y no se puede alargar la incertidumbre de forma permanente. La encrucijada para Podemos es que si pactan con el PSOE desdibujan su purismo, pero si no lo hacen, dejan en manos del PP muchos gobiernos municipales o permiten que sea Ciudadanos quienes tengan la llave. Y está resultando imposible mantener una línea coherente de pactos, que pase por arrinconar al PSOE. Así, vemos incongruencias como la ocurrida en Andalucía frente a Extremadura o Castilla la Mancha.
Mientras, Ciudadanos ha puesto su bandera en combatir la corrupción. Resulta imprescindible eliminar esta lacra de nuestra sociedad y, fundamentalmente, de nuestro sistema político. El aire es irrespirable; en la Comunidad Valenciana, por ejemplo, al igual que en Madrid, no pasa ni un solo día que no exista un registro de la guardia civil, un nuevo imputado u otro caso de corrupción. El PP ha conseguido embarrar cualquier institución democrática, generando sospecha sobre todo y todos.
Ahora bien, el propósito de Ciudadanos se va desdibujando a medida que se acercan a los gobiernos municipales. En muchos pueblos observamos trapicheos donde, siendo una lista claramente minoritaria, se proponen como alcaldes. También será difícil seguir la línea de gestión de un partido que mantiene alianzas tanto con el PP como con el PSOE. No es lo mismo Andalucía que Madrid.
Ciudadanos ha querido desmarcarse desde el inicio de la acusación de ser la marca blanca del PP, y para ello, se ha esforzado en no ser ni de derechas ni de izquierdas, para quedar al final como intercambiable.
Los nuevos partidos han aportado mucho al panorama español: han dado frescura, han cuestionado los status, han obligado a la transparencia, han roto el bipartidismo y las mayorías absolutas, han fragmentado el voto español abriendo la puerta a las negociaciones y los consensos, han devuelto la participación y la ilusión a muchos españoles. Pero, tal y como se están realizando muchas de las negociaciones y los pactos, la ciudadanía permanece perpleja.
Una vez superada la controversia entre “lo nuevo y lo viejo” y con la justicia actuando sobre los corruptos, se necesita algo más en la acción política, y hasta el momento, poco han aportado los nuevos partidos. Porque se necesitan programas de gestión y, mucho me temo, que nos vamos a encontrar una enorme variedad de medidas en función de los pactos establecidos.
Tampoco las formas que se están presentando son las más ejemplares. Es cierto que toda negociación es enmarañada y que, cuando se entrecruzan los intereses generales con la defensa legítima de los particulares de cada partido, los equilibrios resultan complejos. Así está sucediendo en la Comunidad Valenciana, donde las distintas fuerzas progresistas tienen sus razones, pero parecen incompatibles a entenderse. Muchos pensamos que, al final habrá acuerdo entre las fuerzas progresistas, pero empieza a tener un sabor amargo, porque parece que el entendimiento no se debe a compartir los mínimos comunes desde posiciones de izquierda, sino a que la otra opción es claramente el abismo, pues pasa por revitalizar al PP que ha sido la lista más votada en muchos ayuntamientos.
La gran incógnita después de estas negociaciones es hacia dónde caminará España, más allá de la fragmentación política, cuál será el posicionamiento ideológico de sus gobiernos y si los españoles sabremos distinguir la mano derecha de la izquierda. Un primer paso esencial es gobernar con honestidad para recuperar la confianza con las instituciones políticas; un segundo paso es gestionar con eficacia, alejándose de los desmanes y despropósitos, de los despilfarros y los abusos de poder; pero, un tercer paso, es saber qué se decide y por qué.
Y esto está hoy más confuso que nunca.