Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo más necesario que nunca.
La crisis económica que no termina y a la que no se le ve el final, la pérdida de derechos sociales y laborales, una reforma laboral asfixiante pero insuficiente para calmar la voracidad del “austericismo” europeo, la corrupción pegajosa e insultante que sigue enseñando las miserias de un país que fue engañado bajo el brillo del oro falso, y la desigualdad que aumenta y aumenta creando una división de clases más profunda que nunca y llevando a la desesperación a miles de familias.
Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo que debería salir a la calle con fuerza para contestar a los insultantes comentarios de Esperanza Aguirre contra los pobres que “ensucian” el paisaje madrileño para los turistas, para denunciar la privatización de beneficios y la socialización de pérdidas provocadas por el despilfarro y la corrupción, para gritar contra los ladrones de whisky en la mano que han saqueado los ahorros y las ilusiones de tantos españoles.
Seguramente, nos encontramos ante un 1º de mayo que debería gritar contra la mordaza que el gobierno ha puesto sobre la ciudadanía para que no se manifieste ni proteste, y que ahora pretende poner sobre la información de prensa para que no descubramos las fechorías cometidas por los sinvergüenzas crecidos al calor de los gobiernos del PP. Frente a la libertad de prensa que se celebrará el próximo día 3, el gobierno pretende matar al mensajero para que sigamos ciegos en un túnel de horror y mentiras.
Seguramente, deberíamos pelear con todas nuestras fuerzas por el Estado de Bienestar que fue el corazón de Europa, que era la razón moral de la construcción política de un proyecto humanista, y que hoy ha sido el primer sacrificado por las garras de la codicia y la macroeconomía que habla de número y no de personas.
Y seguiría la interminable lista de problemas, angustias, pérdida de derechos, mentiras y corrupciones, … que dan sentido a un grito unánime que llene las calles de toda España, diciendo que, hoy más que nunca, necesitamos sumar fuerzas para que la Democracia conquistada no siga agonizando.
Pero, no será así. Ese 1º de mayo necesario no responderá a la realidad económica y social que estamos viviendo, porque también se solapa la crisis que viven los sindicatos, la falta de ideario que una todos los problemas ciudadanos, el desgaste anímico de las organizaciones, la falta de credibilidad, la poca esperanza ciudadana en que sirva para algo, …
Tampoco sabemos dónde y qué harán los llamados “nuevos partidos”, los que no quieren hablar de ideologías, pero sí de “viejo y nuevo”.
Ya sabemos que la celebración reivindicativa del 1º de mayo pertenece a otro siglo. Se inició en 1889 por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional en París.
Hoy, muchos ciudadanos ya no saben a qué clase social pertenecen, si son o no trabajadores, y eso qué les aporta; tampoco lo de “obrero” o “socialista” está de moda; y, hace mucho, que la Internacional Socialista no ha pegado un puñetazo en la mesa haciendo oír su voz con claridad.
La confusión es tanta que nos hemos perdido en el camino y eso hará que no sepamos si hemos o no de salir a la calle, con quién, por qué, y para qué.
Lamentablemente, lo que no ha cambiado es la tozuda realidad que sigue abocando a millones de personas a seguir cayendo por un pozo de desigualdad económica y laboral de la que no sabemos salir.