Los primeros días del nuevo Gobierno griego están siendo sorprendentes. Tanto en las medidas que proclaman el “fin de la austeridad” hasta el pacto con el partido nacionalista conservador. De la misma forma que algunos de sus gestos políticos tampoco han pasado inadvertidos: ser el primer jefe de un Gobierno griego que no presta juramento religioso; un hecho protocolario que reafirma el laicismo y la separación de poderes entre la Iglesia y el Estado.

Pero, este último hecho contrasta con la formación de su Gobierno. ¿Cómo es posible que Alexis Tsipras no haya considerado a ninguna mujer como ministra de su Gobierno? Tsipras es un hombre joven, moderno, ateo, de izquierdas, …. y se le ha olvidado lo importante que es para la mitad más numerosa de la población griega, las mujeres, verse reconocidas en ese Gobierno.

Sabe Tsipras la capacidad de gestión y trabajo de las mujeres, pues sí que figuran en segundos puestos, como viceministras. Sabe Tsipras que las mujeres suelen ser quienes organizan la vida familiar, atienden las necesidades más básicas, las dependencias, las ayudas sociales, la cooperación. Sabe Tsipras que tiene mujeres en su partido que lo han aupado dónde está, y en las que ha podido confiar una gestión municipal que ha dado buenos resultados. Sabe Tsipras que el feminismo griego reivindica una justa distribución del parlamento griego, donde sólo existe un 21% de mujeres parlamentarias.

NO TIENE JUSTIFICACIÓN.

La actitud de un líder del perfil de Alexis Tsipras solamente se explica porque la base cultural del machismo sigue siendo muy fuerte, no sólo en los países del Tercer Mundo o con bases fuertemente religiosas, sino también en nuestra Europa, como demostró la encuesta europea que se realizó en septiembre del 2014 sobre violencia de género.

Hubo un dato curioso: los países escandinavos tienen más mujeres que, por ejemplo, relatan haber sufrido violencia a manos de sus compañeros. En cambio, en países del sur y del este, como España, Portugal, Grecia o Polonia, los porcentajes son más bajos. ¿Por qué? Porque cuanto más igualitario es el país, más se habla (con menos vergüenza) y también hay más percepción de qué es la violencia o el acoso.

El problema es que hay muchos elementos que, culturalmente, NO percibimos como discriminatorios, ni los hombres ni las mujeres.

Además, en época de crisis económica, hay un “cierre de filas” con una llamada a atender lo importante, lo prioritario, y, los derechos de la mujer no se consideran prioritarios. Por eso, vemos cómo se rebajan los presupuestos para atender la violencia de género, o se relajan las sanciones y la aplicación de leyes, o se desmontan los pilares sociales que sirven para que la mujer tenga su propia autonomía y no sea la sirviente sin remuneración del Estado, realizando las funciones de asistencia y cuidado de menores y dependientes.

Lamentablemente, por mucho que hayamos avanzado, no hemos conseguido modificar la estructura socio-cultural, no hemos cambiado los valores que haría que nos viéramos como iguales, hombres y mujeres, personas y ciudadanos al mismo nivel, y no tuviéramos que observar cómo se retrocede en la consideración de la igualdad, como si ahora, en época de crisis, esto fuera “algo de menor importancia”.

No nos vemos igual cuando, en el momento que falta empleo, hay una consideración mayor a que el hombre debe estar primero en la obtención de la manutención de la familia. Es lo lógico, ¿no? Pues ¡no! Pero como podemos convencer que no es una cuestión de hombres y mujeres, sino de una ciudadanía igual, con los mismos derechos, sin distinción.

Desde que empezó la crisis, la situación es muy difícil para todos los trabajadores, pero curiosamente, se agrava en el caso de la mujer. Y resulta sorprendente la paradoja española: cuando la crisis económica tuvo como origen el boom inmobiliario, donde residía mayoritariamente un empleo masculino, ¿cómo es posible que se le dé la vuelta y la más perjudicada vuelva a ser la mujer?

Unos datos: En 2012 la tasa de paro era un 25’38 % en mujeres y 24’70 % en hombres. Pero, claro, la tasa de actividad es distinta, con lo que ahí se agranda la brecha mucho más. El 76 % de la contratación a tiempo parcial se destina a mujeres. Empeora la corresponsabilidad familiar y laboral. En 2011 el 98% de los permisos de maternidad los disfrutan ya las mujeres, las leyes se han evaporado, van desapareciendo; empieza a existir socialmente un temor a quedarse sin empleo y nuevamente las cargas familiares vuelven a la mujer. Los niveles de protección social son también diferentes: sólo una quinta parte de las mujeres desempleadas en el 2012 recibieron una prestación por desempleo de nivel contributivo. De 2.600.000 mujeres, sólo un 21,74% percibió ese desempleo, una cifra también mucho más baja que la de los hombres.

Por supuesto tanto en horizontal como en vertical, el papel de la mujer adquiere un coste. En vertical, por ejemplo, de las empresas que cotizan en el IBEX 35 sólo un 16% de los miembros en los consejos de administración son mujeres. Las mujeres ocupan el 22% de los puestos de dirección, cuando somos la mitad del sector más preparado, universitariamente, en este país.

En Europa, la brecha salarial entre hombres y mujeres, datos de 2013 publicados en 2014, se había estancado en un 16,4% (59 días de trabajo de la mujer al año son gratuitos). En España esa brecha salarial se eleva al 23%. Las mujeres cobran actualmente un salario medio anual en España un 23% menor que el de los hombres, la tasa de riesgo de pobreza en el caso de las mujeres está por encima, de forma similar, pero por encima. El 15% de las mujeres tienen ingresos menores al salario mínimo interprofesional, en el caso de los hombres un 5,6%. El 97’3% de las mujeres ocupadas a tiempo parcial son mujeres porque tienen que atender hijos, dependientes y mayores,es decir, vuelve “la carga”. Y a medida que el número de hijos aumenta o hay niños, las primeras que dejan el puesto de trabajo son las mujeres.

En el Consejo General del Poder Judicial las mujeres ocupan el 35 % y en el Tribunal de Cuentas un 7%; en las Reales Academias, debería de ser algo culturalmente mucho más cuidado, ya que si por algo hemos de empezar a cambiar roles es por la cultura, es un 9’6%. La primera mujer que se incorporó a la R.A. de Ciencias Morales y Políticas, de la filosofía y del pensamiento, fue Adela Cortina hace unos 5 ó 6 años. Ha costado, porque el problema no era un problema económico, es un problema de raíz cultural.

Ocurre que las mujeres ahora mismo son mayoría en las universidades. Un 55,7% de aprobados frente a un 44%. Que los expedientes universitarios más brillantes son el 54% de mujeres, en prácticamente todas las ramas, excepto las técnicas, que el rendimiento de las mujeres en títulos de grado y de masters supera en diez puntos porcentuales al de los hombres. Un 71’4% frente al 61’8%; o que el 61% de lectores tesis doctorales, con menos de 34 años, ¡el 61,1%! por encima de la población que representamos, es de mujeres. O sea, que a nivel educacional y formativo resulta que estamos en un nivel superior porcentualmente, más o menos en diez puntos, a lo que representamos poblacionalmente.

Como conclusión: en la crisis se destruye más empleo femenino, es más precario e inestable, menor pagado. Volvemos a ser los eslabones más vulnerables. Se necesita la eliminación de la mujer del mercado laboral para generar empleo “familiar”, ya no individual. El desarrollo de la mujer va acompañado al Estado de Bienestar.

Alexis Tsipras se ha equivocado. Si la mujer no está presente en política, si no es visible, si no compatibiliza su trabajo y/su cargo y responsabilidad con sus limitaciones, no se podrán superar las limitaciones, y a su vez, no superaremos nuestra cultura fuertemente arraigada.

Lamentablemente, aún queda largo camino, no para los derechos de la mujer como un colectivo vulnerable, sino para una Cultura de Iguales.