Lo que ocurre en España es paradójico y más parecido al género de la ciencia-ficción social que a un estado democrático razonado y razonable.
¿Cómo puede presentar Rajoy proyectos de ley y medidas contra la corrupción, “la más amplia, completa y duradera” (palabras textuales del Presidente), el mismo día que ha dimitido Ana Mato por el caso Gürtel?
No podemos olvidar que el juez Ruz determina que en el caso Gürtel ha existido beneficio por parte del PP en su conjunto. ¿Tiene algo que decir Rajoy respecto a esto? ¿Pedirá perdón una vez más? ¿Se confesará con el arzobispo de Granada o de Zaragoza? ¿Dimitirá (creo que no conoce bien la dimensión de este concepto)?
Escucho la presentación de Rajoy sobre la corrupción: “la traición de los cargos públicos, la indiferencia con los sacrificios ajenos, el desprecio a la ciudadanía, el botín de los corruptos”, …. y un largo etcétera para apuntarse medallas de lo bien que funcionan las instituciones que hace que se resuelvan los casos. Eso sí, “hay un efecto multiplicador que no nos beneficia”. Y dice, como quien no quiere la cosa, que los ciudadanos están hartos de la corrupción, “porque un país que se precie debe perseguirla con toda la energía de la que dispone, y ¡eso ya se está haciendo!”.
Y no doy crédito. Porque una de las primeras reglas por las que la corrupción se fomenta y se extiende es la hipocresía: mirar hacia otro lado, no reconocer sus vigas en el ojo propio, y escurrir el bulto hasta que a uno le pillen. Eso es lo que piensa hacer Rajoy: escurrir el bulto en un pulso contra la justicia para ver si él no es llamado a declarar por el caso Gürtel.
¿Puede alguien creer que Rajoy no conocía nada de lo que pasaba con la Gürtel, con la caja B del partido, con el dinero para actos electorales y reformas de sedes, con los jaguars y demás prebendas de sus miembros adjuntos?
Como siempre, los diputados del PP aplauden a rabiar, no sé si porque creen lo que Rajoy dice o porque están satisfechos de que su jefe de filas escurra el bulto, porque aún garantiza la oportunidad de que los demás puedan también salir indemnes. Me recuerda a las Cortes Valencianas cuando Francisco Camps entraba en el hemiciclo en medio del hedor a corrupción, y todos sus diputados se levantaban en pie y aplaudían a rabiar como si fuera un César o un Caudillo. Luego hemos descubierto que el banquillo valenciano estaba lleno de imputados, que muchos de ellos hoy ya han sido procesados, y algunos han entrado en la cárcel (¡¡hasta el inefable Carlos Fabra, gran amigo de Aznar y de Rajoy, tiene los días contados!!). Aplaudían porque era la forma de auto-reconocerse en la corrupción, de asegurar que “es uno de los nuestros”, mientras recibían cheques y sobres de dinero negro que alimentaran esos aplausos.
No paran de surgir escándalos. Da igual lo que el PP haya tocado en sus años de gobierno y en sus Comunidades más “abultadas” como Madrid y Valencia, que todo lo ha convertido en corrupción.
Ahora se presenta Rajoy como el presidente que piensa tomar medidas contra una corrupción que él se ha encontrado encima de la mesa cuando ha llegado al gobierno. Como si nada fuera con él. “Hoy es más difícil corromperse en España que antes de que le confiaran el gobierno”, y lo dice así, sin inmutarse, sin avergonzarse. Una frase lapidaria.
Rajoy miente descaradamente, no es un personaje nuevo y con las manos limpias sin que la corrupción le salpique, no está ausente de la realidad que le rodea sino que pretende actuar como siempre, con más de lo mismo, intentando escabullirse hasta que la justicia lo pille con las manos en la masa. No sirve de nada que Rajoy presente medidas y leyes contra la corrupción cuando él está completamente incapacitado y moralmente desacreditado para ponerlas en marcha.
¿Cuántos bochornos más puede permitirse este país? Hasta que las próximas elecciones remedien que nuestros gobiernos estén en manos de tantos sinvergüenzas.