He suspirado hondo al ver que la Ley del Aborto del PP no sale adelante. Ha sido una satisfacción ver que finalmente las cosas se han quedado como estaba.
Pero al mismo tiempo, la indignación me abruma porque no he visto mayor incompetencia, mayor irresponsabilidad y mayor frivolidad que la gestión que se ha hecho con el tema del aborto.
Bien está que Gallardón haya dimitido, ¡faltaría más!, aunque hay que reconocer que es un gesto extraño en un gobierno donde sigue estando Ana Mato (sin que le aparezcan los colores por el caso Gürtel), o está el propio Rajoy, habiendo sido amigo y protector del propio Bárcenas.
Gallardón debería habérselo pensado antes de meterse en este charco, porque no sé bien si lo hizo por cuestiones ideológicas, o lo hizo por “ganar puntos” como delfín no se sabe de qué. A veces pienso que toda la maniobra del aborto ha tenido mucho de estrategia por detrás para eliminar a un hombre que siempre ha sido molesto en el PP.
Vuelvo a mi indignación porque, al fin y al cabo, las heridas que este tema generen en el gobierno del PP me parecen poca penitencia para el daño social que han hecho.
Hemos tenido que soportar que a las mujeres que tienen la carga y la cruz de abortar se les llamara asesinas; hemos visto cómo retrocedíamos a la época franquista de la hipocresía social más absurda; cómo se generaba confusión moral e incluso el sentimiento de culpabilidad, que tanto le gusta a la Iglesia Católica, sobre las conciencias de las mujeres; se ha generado un ambiente de enfrentamiento social, una vez más, en una España donde los derechos estaban ya asentados y donde este tema ya estaba bien legislado y bien aceptado socialmente.
Nadie, salvo los más recalcitrantes, pedía la modificación de la ley del aborto, ni siquiera la mayoría social del PP. Muchos grupos municipales del PP votaban a favor de propuestas presentadas por la izquierda social donde se solicitaba que se dejara este tema como estaba. Pero Gallardón seguía adelante: ¿por convicción ideológica, por estrategia, por hacer puntos?
La ley Gallardón presentaba algunos dilemas: Contra los derechos de libertad y la capacidad de que las mujeres, mayores de edad, tomen sus propias decisiones; una involución ideológica sin precedentes, donde hasta Francia tuvo que cuestionar lo que España estaba haciendo; la enorme hipocresía moral; y también el debate interno que se abrió en el seno de su propio partido. Pero lo más sorprendente es que esta ley del aborto no se realizara dentro del Ministerio de Sanidad o Servicios Sociales, si se consideraba como motivos sanitarios o sociales, sino que siempre se trató como una ley represiva, sancionadora, y por eso, fue el Ministerio de ¿Justicia? quien buscaba el castigo, más que la ayuda.
La pregunta es para qué se metió Rajoy en este jardín. Hay quienes dicen que por buscar el electorado de extrema derecha (¿a costa de perder a la gente moderada y centrista?), porque a excepción de la Confederación Episcopal y las posiciones católicas más extremas, ¿quién había planteado en España la revisión del aborto? En este país, las leyes del aborto que han ido consolidando una seguridad jurídica para la mujer en su derecho a decidir han consolidado también una “paz social” que una parte del PP pretendía romper sin que entendamos muy bien para qué y por qué.
Fuera por lo que fuera, el mayor responsable de este desaguisado es Rajoy, quien propició que este tema agitara las aguas, generara convulsión y provocara dolor y angustia moral. Y él ha sido el que ahora retira la ley “por buscar el consenso”. Se ha gestionado con pura frivolidad, y ha pesado más los votos electorales que la propia conciencia. Como dice Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.
Bien está que haya puesto punto final a esta pesadilla, pero de la misma forma, si realmente escucha a los ciudadanos, busca el consenso social, y pretende gobernar “de forma sensata y prudente”, como él mismo dice, puede comenzar a retirar leyes: la reforma laboral, las tasas judiciales, o la ley de educación, que sigue cosechando el malestar de toda la comunidad educativa sin precedentes, por poner algunos ejemplos.
En enero del 2014, en estas mismas páginas, en un artículo titulado “Los dilemas que plantea la nueva ley del aborto”, escribí lo siguiente: “El PP ha abierto una caja de Pandora que le puede estallar en las manos, porque éste no es un tema social preocupante, sino todo lo contrario: la sociedad española ha llegado a una situación claramente equilibrada social, cultural y sanitariamente, mientras que el PP ha generado un grave problema donde no lo había”.
Así ha sido, y por ello felicito a todas las mujeres, asociaciones, organizaciones, instituciones, partidos políticos y ayuntamientos que han elevado su voz, que han hecho llegar la protesta ante una tropelía legislativa tan burda y absurda. Esto demuestra que la sociedad civil tiene mucho que decir y que no debe bajar la guardia ni rendirse.