Quien hoy abra un periódico con la información de la Comunidad Valenciana encontrará varios hechos políticos lamentables.
En primer lugar, la confirmación de la condena a cuatro años de cárcel al todo poderoso Carlos Fabra, hombre de total confianza de los diferentes gobiernos del PP, al que han visitado en su casa tanto Aznar como Rajoy, y al que todo el mundo en el PP le ha reído las gracias, bien por miedo bien por interés. Diez años ha estado imputado y hemos visto, con estupor, como abandonaban jueces y fiscales ante las maniobras del Sr. Fabra. No obstante, las dudas de que Carlos Fabra entre en prisión son más que razonables; él sigue con sus recursos, alargando plazos y cumpliendo años.
En segundo lugar, leemos también la inminente entrada en prisión de Hernández Mateo, exalcalde de Torrevieja y ex diputado en Cortes Valencianas, condenado a tres años por corrupción.
Seguimos con una tercera noticia que es la condena a 35 años de cárcel del empresario Ángel Fenoll, quien ha sido, junto con Enrique Ortiz, los “grandes empresarios triunfadores” de Alicante, unidos a través del dinero, con los alcaldes del PP. Junto a Fenoll, también hay 14 personas más condenadas, muchas de ellas cargos públicos en municipios.
Cuando creemos que han terminado los asuntos judiciales, leemos el periplo de la RTVV, con Lola Johnson al frente (mano derecha de comunicación de Francisco Camps). La liquidación de esa entidad está siendo más que polémica, incluyendo que a día de hoy está costando mucho más dinero que si hubiera seguido en marcha.
Y, como no han acabado las indecencias, aún colea el proceso judicial por el accidente del metro de Valencia.
Esa es la prensa de hoy, pero mañana otras noticias similares cubrirán las portadas. Por ejemplo, el caso cooperación y el indecente Rafael Blasco que aún tiene pendientes más causas judiciales; o Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante, que junto con el empresario alicantino de moda Enrique Ortiz, han protagonizado algunas de las conversaciones más vergonzosas e inmorales que hemos tenido que escuchar; o también surgirá de nuevo Juan Cotino, confesor político y espiritual de Francisco Camps, cuyas empresas familiares (Sedesa) han estado vinculadas a toda posible financiación del PP y a toda trama de corrupción valenciana; o volverá a saltar el caso Gürtel que todavía están coleando las imputaciones de Ricardo Costa o de la tesorera del partido; o de nuevo veremos declaraciones relativas al caso Noos.
Pero eso son las puntas del iceberg del derrumbe de una época basada en el engaño, la corrupción, el clientelismo, la falta de transparencia, el nepotismo, y un partido (el PP) que se creía invencible en manos de gentes sin escrúpulos como Camps y toda su corte (que es la que ahora está siendo procesada), y que ha dejado 250 políticos y empresarios imputados.
Esa época es la que nos ha dejado “tocados y hundidos” en la Comunidad Valenciana. Junto a las noticias judiciales, también encabezamos los “rankings” de desempleo, de peor sistema educativo, de peores ayudas de dependencia, de mayores deudas con farmacias, de liquidación de los sistemas públicos, e incluso de ser la Comunidad peor financiada en las épocas de los gobiernos de Aznar y Rajoy, lo que tampoco entendemos, puesto que si tanto se ha robado y engañado, mal pago de favores han hecho a los valencianos. Y si faltaba poco, los gobiernos valencianos del PP han estado “falseando” las cuentas a Europa.
Como dice algún periodista valenciano (Quico Arabí), es “el derrumbe de una era”.
También han caído todos los grandes proyectos, desde el sistema financiero con el hundimiento de Bancaja y luego Bankia a la CAM y el Banco de Valencia; también hemos perdido y nos han hundido en deudas Cacsa, Terra Mítica (que se vendió por 65 millones cuando costó más de 400), Ciudad de la Luz (hay que devolver 265 millones de euros a Bruselas), Ciudad de las Artes (aún con litigios con Calatrava, a punto de cerrarse por no poder mantener ni una ópera, y con un presupuesto que se triplicó con un sobrecoste de más de 600 millones) o la fallida Fórmula 1 (que nos ha dejado una deuda de 260 millones), o el Aeropuerto de Castellón (obra del “abuelito” de Carlos Fabra).
Y no quiero abrumar con la larga lista de despropósitos.
Varias veces he escrito sobre la situación de la Comunidad Valenciana, pero insisto una vez más en el mensaje. El problema de aquí no es una gestión ineficaz (que también), ni un problema ideológico (que también), sino que sobre todo ha sido una forma de gobernar organizada y planificada para manipular los sentimientos de la ciudadanía valenciana al tiempo que se usurpaba la voluntad democrática bajo el clientelismo, las amenazas o el silencio, con un objetivo claro basado en la corrupción.
Necesitamos decirlo y denunciarlo, porque durante muchos años hemos escuchado a quienes venían a visitarnos frases del estilo “qué bonita está Valencia” o “cuántos proyectos se están haciendo”. Ojalá Valencia hubiera avanzado a su ritmo normal. Hoy no tendríamos deuda ni corrupción, y no estaríamos tan hundidos que no vemos el final del túnel.
La regeneración política en Valencia es más que necesaria. Es imprescindible.