La próxima semana tendremos por delante hacer balance de qué han significado las elecciones europeas, qué resultados nos han dado, y qué futuro se proyecta.
A los ciudadanos les cunde el desánimo, la desafección y la sensación de que Europa ha dejado de ser un sueño para convertirse en una pesadilla, pero no siempre fue así. España sabe bien que Europa supuso una gran oportunidad de crecimiento y progreso para nuestro país.
Pero el quiebro se dio cuando estalló la crisis económica. Entonces descubrimos la cara más amarga, más innoble y menos solidaria de unos dirigentes que olvidaron cuál es su verdadera finalidad al frente del poder: el bienestar de los ciudadanos.
Nos enseñaron que la Economía servía para que la gente viviera mejor, para repartir bienestar, y que fracasaba cuando no garantizaba estar al servicio de la política y la sociedad. Ahora, se nos dice con estupor que la Economía va bien, que Europa va mejor, que el Mundo crece en riqueza, pero es a costa de las personas, como si ya no importáramos nada.
Ese dilema está en juego el próximo domingo. Como ocurrió en EEUU en 2008, entre Obama y los republicanos. ¿Qué hubiera pasado si en EEUU se hubieran aplicado las medidas draconianas de austericismo y sacrificio inmoral a los ciudadanos?
También estará en juego saber si mantenemos los valores europeos y los derechos, o se permitirá que existan legislaciones chapuceras como la aprobada en España en la reforma judicial que permite la liberación de narcotráficos mientras se persigue a los manifestantes, se intenta acallar la libertad de expresión, y se persigue a los tuiteros, con razón pero con sectarismo. No a todos se les juzga con la misma vara de medir.
También Europa debe decidir si es posible convivir con gobiernos manchados de corrupción que esconden cuentas B en paraísos fiscales como Suiza, que se ha convertido en el desagüe de las vergüenzas de guante blanco.
Tendrá que mirar frente a frente a los ciudadanos y explicarles si las palabras del Jefe de la Patronal española diciendo que los padres deben renunciar a derechos laborales y a un contrato fijo para que sus hijos trabajen es una directiva europea o es una avaricia ilimitada de un empresariado insolidario.
Europa sabrá si es capaz de dar respuesta a los miles de personas que cruzan mares, saltan vallas, y se juegan la vida en busca de una mínima oportunidad de supervivencia, o cerraremos nuestras puertas generando odio, miedo y represión.
Europa está en la encrucijada. O avanza radicalmente o retrocede hacia principios de siglo. Y no podemos olvidar que en julio se recuerda el centenario de uno de los acontecimientos más cruentos y sangrantes de la Historia europea: la I Guerra Mundial. Actualmente, nuestros índices de desigualdad están a un nivel similar de los de aquellos años.
Las elecciones son más importantes de lo que parecen. Me parece un buen síntoma de salud que los ciudadanos se sientan indignados, que no les resulte indiferente ni la estafa ni la corrupción ni la mentira; pero estar indignados no es suficiente, se necesita también ejercer el derecho al voto, no permitir que la democracia quede anulada por asfixia, por presión de los poderes económicos, o por el desinterés ciudadano.
Europa está en juego y el futuro de nuestros hijos también.