¿Alguien ha encontrado una novela de defina personajes de ficción tan increíblemente descabellados e insólitos como estos tipos que están apareciendo en la madeja de corrupción?
Si no teníamos suficiente con encontrar a alguien como “El bigotes” o “Luis, el cabrón”, si no teníamos suficiente con todos los casos de corrupción abiertos, que afectan a la casi totalidad de las instituciones (empezando por la política, las autonomías, las cajas de ahorro, los empresarios, la Corona, …), aparecen ahora los Clubs de Fútbol, donde, entre puro y puro, copas y comilonas, se han cerrado negocios completamente indecentes e ilegales.
Aunque hay que reconocer que resulta imposible un guión cinematográfico o literario que recoja las excusas e invenciones tan patéticas y maquiavélicas como las que realiza Dolores de Cospedal con su finiquito en diferido o las más recientes de Ignacio González y su “pisito” en Estepona. Eso sin olvidar a protagonistas estrafalarios e indecentes como Carlos Fabra o Francisco Camps, y muchíííísimos más de los que nos olvidamos porque cada día aparece un caso nuevo de corrupción que supera al anterior.
Ahora, toda ficción queda superada en cuanto aparecen los “amigos” de Aznar. ¡Lo de Miguel Blesa es insuperable! Todos los ingredientes de la mejor novela negra: obras de arte, manejos sucios, el amigo de pupitre que actúa como en la mejor película de mafiosos (“uno de los nuestros”), y aparece el Hijísimo, el hijo, el descendiente: la Saga continúa.
No teníamos bastante con el yerno, del cual ya muchos sospechábamos de sus manejos empresariales, ahora descubrimos que Aznar, el hombre orgulloso y ofendido con el “Mundo”, por no haber hecho fiesta nacional el día que nació, utilizaba a su propio hijo para mandar mensajes intimidatorios y amenazadores. Y el “niño” que parece que aprendió pronto cómo se hereda y se practica el poder con mano de hierro, no se corta un duro en enviar sms de la peor catadura moral.
Siempre me pregunté cómo este país consintió aquella boda, la boda de la hija del presidente Aznar, con toda clase de boatos, personajes y personalidades, y un cúmulo excesivo de lujos que nadie preguntó nunca quién los pagó (aunque ahora parece que eso es lo de menos, descubriendo que aquella boda fue un encuentro de “capos”).
Si Charles Dickens levantara la cabeza, encontraría material más que suficiente para reescribir sus cuentos de Navidad, describiendo personajes avaros e indeseables, mezquinos y sin corazón, en definitiva, realmente odiosos. Al mismo tiempo, no tendría que buscar mucho para encontrar críticas a una sociedad enferma que permite que la falta de recursos haga mella en familias que acaban intoxicadas, o la pobreza aumente a la vez que hay más millonarios al calor de la crisis, y que la desigualdad vuelva a convertirse en el “equilibrio” social que nos enfrenta a nuestras vergüenzas. Ahora bien, el final de sus cuentos no sería la compasión ni la benevolencia, porque aquí no encontrará arrepentimiento y perdón en los malos. El final de nuestro cuento sólo puede ser la Justicia.
Lo que está ocurriendo en España no puede novelarse, supera todos los índices permitidos en una ficción. Somos un país donde gobierna el partido que tiene anidada la corrupción y la indecencia entre sus principales dirigentes, donde el “cierre de filas” sólo sirve para protegerse como las familias mafiosas, sin ningún índice de arrepentimiento ni de sinceridad. Un país donde muchos ciudadanos aún no han entendido que no pueden despedir entre aplausos a un corrupto aunque sea presidente de un club de fútbol, ni levantarse al paso de un presidente autonómico que ha estafado, ni un señor como Matas debe pedir un indulto, u otros diputados recoger firmas para que un señor no entre en la cárcel alegando causas de “humanidad”.
Conocer la realidad no puede desmovilizarnos ni acobardarnos, ¡sólo faltaba eso!, debe mantenernos con la indignación a flor de piel para que no permitamos que esto vuelva a pasar. No pueden existir leyes y más leyes que lo único que consigan es amordazar a la ciudadanía, ni jueces que se sientan perseguidos, ni periodistas amenazados, …
Cada vez que la Unión Europea dice que España necesita otro “sacrificio” más para salir de la crisis, y que consiste en subir impuestos y bajar el salario, debería al mismo tiempo compensar el sacrificio con el ingreso en prisión de uno de los estafadores de guante blanco.
Ésa es mi petición navideña. ¡¡Feliz Navidad!!