Hay quien podría pensar que unir en un Ministerio dos áreas fundamentales para el desarrollo de un país, como son la Educación y la Cultura, es una buena idea, porque es la mejor forma de que caminen conjuntamente. Salvo, claro está, que quien esté al frente de ambos Ministerios sea el personaje de moda, el Ministro Wert, porque entonces el desaguisado será doble.
Wert ha conseguido unir a todo el mundo en su contra. Es el ministro peor valorado de todos los tiempos. Las protestas ciudadanas se han extendido por cualquier rincón del país y en cualquier sector o segmento social; nos encontramos con manifestaciones ciudadanas conocidas ya como la marea verde, con la primera manifestación de la Democracia donde se han unido todos los niveles educativos y toda la comunidad al completo (desde profesores, padres, alumnos), el desplante de los estudiantes con el mejor expediente (capaces de reivindicar la defensa por la educación pública en el día más importante de sus carreras), en el Teatro Real con un público culto y sensible, o los rectores de todas las Universidades Españolas.
Ha conseguido que, hasta las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP se rebelen, o que los portavoces de su partido sientan vergüenza al defenderlo, algo que ni siquiera había obtenido Ana Mato y las fiestas de cumpleaños de la Gürtel.
El desaguisado de Wert es descomunal: recortes sin precedentes en educación, subida de tasas, rebajas de becas, elevación de la nota al 6´5 para obtener ayuda económica, eliminación de la asignatura de Ciudadanía, y obligatoriedad de que la Religión puntúe en el expediente. Es decir, una ley educativa claramente ideologizada, sexista, presupuestariamente débil, retrógrada, y clasista. Todo un ataque a los fundamentos de nuestra Constitución Española y a nuestros principios democráticos.
Pero para que esta nueva ley educativa se pueda poner en marcha, se necesita un cambio de valores culturales. Para que un gobernante pueda imponer medidas que atentan contra la libertad y la igualdad de oportunidades de la ciudadanía, necesita ALTERAR el clima social de consenso sobre el que se sustentan.
Lo que la Ciudadanía española ha aprendido durante estos años de Educación Pública y Universal, no han sido solo conocimiento y formación, sino también respeto, derecho, dignidad y valores. Por eso ahora salen a la calle a protestar, porque saben qué cosas tienen valor y qué cosas tienen precio, porque saben perfectamente lo que se juega un país que es capaz de apostar por reducir el sistema de educación universal y de calidad de la Ciudadanía.
Y por esa regla, el ministro Wert necesita también realizar una contrarrevolución que permita imponer sus barbaridades retrógradas. Necesita volver a concepciones clasistas y sexistas, necesita la imposición de un pensamiento único que debilite la pluralidad de criterios, la reflexión, el razonamiento, el debate desde distintos puntos de vista, la confrontación ideológica, los datos comparativos, ….. en definitiva, lo que la revista Temas ha intentado ofrecer durante todos estos años.
Temas es una revista que ha abordado todos los problemas sociales y políticos de nuestro país, sin pelos en la lengua, desde una visión claramente progresista, comprometida con los valores de la libertad y la igualdad de oportunidades, en clara defensa del Estado de Bienestar, apostando por ir siempre un paso más allá, sin conformismos ni complacencias, críticos incluso con los amigos, porque ha sido siempre un foro de reflexión y anàlisis, que no ha permitido el inmovilismo, la quietud, el servilismo. Su misión ha sido siempre remover el pensamiento crítico, estuviera quien estuviera gobernando. Pero con Wert hemos topado!
La Cultura es, sobre todo y ante todo, capacidad crítica de anàlisis, valores colectivos y éticos, afán de superación y progreso, … lo que necesitamos para salir de esta situación de crisis económica y moral de otra manera.
Pero, dentro de las misiones del ministro Wert está también imponer el adocenamiento y la sumisión. En vez de pensar, hemos de “rezar”; en vez de reivindicar, “conformarnos” con lo que tenemos; en vez de protestar, “aceptar” que es culpa nuestra por haber vivido por encima de nuestras posibilidades (mientras Bárcenas pretende escapar con el dinero).
Un país culto tiene menos desigualdad social, más respeto por los derechos ciudadanos, y una capacidad de exigencia para decidir qué inversiones quieren desarrollar, qué apuestas productivas hacer, y qué tipo de trabajo es mejor. Pero, Rajoy y su gobierno no están apostando por la Educación, la Ciencia y la Cultura para sacarnos de esta crisis, porque eso es incompatible con el casino de Eurovegas, el turismo de sol y playa, y los trabajos por debajo del salario mínimo interprofesional.
La Cultura combate la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la explotación. A más saber, más libertad. Y ésta es una proclama demasiado peligrosa para un país que está en vías de retroceso histórico.