Seguimos asistiendo, entre dosis de estupor e indignación, a los tropiezos que está cometiendo la Unión Europea. El rescate a Chipre, sus condiciones, la retirada de lo propuesto, la austeridad esclavizadora, la caída de la bolsa, el desequilibrio del mercado, y el pánico que los ciudadanos europeos estamos viviendo, se han convertido en la seña de identidad de una Europa atrofiada y desprovista de soluciones.

Pero lo que nos está dejando sin palabras, boquiabiertos, y confusos ante el proyecto de Europa es lo que está apareciendo cada vez que un país europeo entra en crisis. En el proyecto de construcción económica de la Unión Europea existía mucha porquería debajo de la alfombra.

La pregunta es: ¿Cómo es posible que la Unión Europea albergara un paraíso fiscal en sus fronteras?

Chipre entró en el año 2004 en la Unión Europea, con la polémica de la división de la isla y las acusaciones de partidismo de Europa en la decisión.

Pero, ¿qué elementos tuvo en cuenta Europa para la adhesión comunitaria de Chipre? ¿Desconocía su situación política? ¿Y su situación económica?

Con esta crisis económica se están descubriendo vergüenzas y flaquezas en la construcción del proyecto europeo que afectan tanto en el nivel político como en el económico.

¿Acaso Europa no era consciente de lo que ocurría en Italia con la presencia de Berlusconi, sus manejos, su burla a la justicia, y su largo etcétera de irregularidades y comportamientos deshonestos? O quizás el interés de la Unión hacía que simplemente se rieran del “bufón” de la corte.

¿Acaso Europa desconocía qué ocurría en Grecia? ¿No sabía que las cuentas estaban falseadas, que la situación económica de los griegos no correspondía a la realidad? O a lo mejor, los mismos controladores puestos por la Unión ayudaban a “maquillar” lo que más interesaba para la propia estructura económica.

¿Acaso Europa no conocía la burbuja inmobiliaria de España? ¿Tan ciegos estaban viendo que aquí se construía más que toda Europa junta? O, quizás era interesante también prestar créditos y créditos para obras faraónicas e inútiles, para infraestructuras inservibles, mientras el urbanismo enloquecido se convertía en un “aliado” fiel.

Resulta imposible de creer que la Unión Europea tuviera dentro de sus fronteras paraísos fiscales, burbujas inmobiliarias, políticos deshonestos, alianzas ininteligibles, economías a punto de estallar, y que no viera ni supiera nada. Si esto es así, hace pensar en la inutilidad sobrada de tanta institución europea. Y si no lo es, entonces comenzamos a pensar que nada queda del sueño por construir una Europa de los Derechos, unida, solidaria, cohesionada, donde lo importante son los ciudadanos por encima de las fronteras y los países, una Europa culta y cultural.

Ahora somos conscientes que ése no era el proyecto. Esa fue la ilusión con la que nos mantuvieron engañados a tantos ciudadanos que soñábamos que Europa era posible y merecía la pena.

La crisis ha destapado muchas vergüenzas y miserias. Entre ellas, descubrir que debajo de la alfombra, la Unión Europea escondía mucha porquería.