Con matices diferentes, pero la situación de Italia y España no está tan alejada la una de la otra cuando se habla de “ingobernabilidad”. De hecho, haría bien el Gobierno español y los partidos políticos de preocuparse por la “avanzadilla” de las elecciones celebradas en Italia.

Hay algunos elementos que generan demasiada preocupación al ver la similitud con España:

– Una enorme desafección ciudadana que provoca el hastío con la clase política y provoca un aumento de la abstención (aunque Italia sigue teniendo una participación muy elevada pues es un país muy politizado) y un esquizofrénico resultado que necesita más a un psicólogo que a un sociólogo para entender qué piensan los italianos.

– La necesidad de modificar las leyes electorales para no provocar resultados tan dispares a los votos emitidos.

– La emergencia de partidos “antipolíticos” que juegan a la demagogia, a la ruptura del sistema o a su aprovechamiento. El menú electoral italiano es para echarse a llorar: entre cómicos, tecnócratas y corruptos, la elección electoral resulta más una bufonada que una respuesta democrática.

– El cabreo social con las políticas europeas que vienen de la mano de Merkel, con la imposición de un tecnócrata, que vino a salvar a Italia de la sinvergonzonería de Berlusconi para acabar volviendo a sus brazos.
Italia es un problema para Europa, al mismo tiempo que Europa es hoy el verdadero problema.

Pero, ¿acaso España no es también un problema? ¿Y no es Europa el problema que tenemos con las exigencias en la política económica y laboral?

No sólo eso. Si acusamos a Italia de ingobernabilidad, ¿cómo llamamos a la situación española?: Desafección ciudadana, indignación social, desconfianza, falta de credibilidad de los partidos, hundimiento de la política democrática, ceguera de los partidos políticos, situación abonada para la irrupción de un líder “antipolítico”, leyes electorales anquilosadas, creciente desigualdad social, paro insostenible, recortes de derechos, corrupción por debajo de las piedras, y …. Bárcenas.

No sólo es Bárcenas, sino su alrededor: el posible fraude de ley del PP, además de su posible financiación ilegal y posible enriquecimiento ilícito de sus dirigentes, las mentiras agolpadas una tras otra, los sobres, los despidos “en diferido”, los engaños del Presidente, los ministros que no dimiten, …

Ni el entramado Bárcenas está tan alejado del personaje Berlusconi, ni la esperpéntica situación política italiana está tan alejada del camino que puede tomar España.

Pero da la impresión de que hace mucho tiempo que no hay nadie que vea ni escuche nada. ¿Hay alguien en Europa que tome nota?