No es la primera huelga que hago en mi vida, y siempre he tenido motivos y razones para secundar aquéllas en las que he creído. Pero la que se realizó ayer se produjo en un contexto nuevo, con nuevos problemas a los que hacer frente, pero a los que, lamentablemente, el Gobierno del PP reaccionó con las viejas formas del político caduco, inservible y desprestigiado.

Lo primero que hizo el Gobierno fue contraatacar con un argumentario para denunciar “el grave daño económico y de imagen que la huelga supone”. ¿Contra quién debía contraatacar? ¿Frente a quién tuvo que realizar un panfleto? Frente a los millones de ciudadanos que, democrática y libremente, apoyaron secundar una huelga porque están sufriendo, porque tienen miedo, porque no encuentran trabajo, porque ven inseguro el futuro, porque la angustia es el sentimiento de cada día, porque se les ha retirado becas y ayudas, porque se han subido los impuestos, porque resulta difícil llegar a final de mes, … en definitiva, el PP hizo un argumentario para atacar a los que gobierna.

En segundo lugar, para salir de la crisis, “exige un esfuerzo de todos” y valora el coste económico de la huelga que equivale al 80% de los desahucios. ¿Es posible exigir más esfuerzo a los españoles? ¿Cómo el que está sufriendo Grecia? ¿Para ser aún más pobres? Los comercios cierran a cientos cada día, la clase media se ha difuminado, cada vez hay más pobres, las ONG´s alertan del aumento de la desigualdad y la pobreza en nuestro país, nuestros jóvenes emigran en busca de trabajo porque más de la mitad no pueden trabajar y la otra mitad no podrá estudiar por el aumento de las tasas … y seguimos cayendo en un pozo al que no se le ve fin. Y, para colmo, compara UN DÍA DE HUELGA con el 80% de los desahucios. ¿Acaso ha movido el Gobierno un solo dedo para impedir las brutalidades que está haciendo la banca con la gente honrada que no puede pagar por culpa de la crisis económica?

En tercer lugar, la gran preocupación del Gobierno es el “daño que se causa al turismo y a la imagen exterior”. Seguro que no es comparable a la imagen que se ha transmitido con Bankia o la CAM, con las irregularidades en la gestión política, con la corrupción, con los sobrecostes de innumerables infraestructuras inútiles e inservibles como el aeropuerto de Castellón, con los impagos a proveedores como las farmacias, o con las metidas de pata del Presidente Rajoy que ha enfadado a más de un mandatario europeo.

En cuarto lugar, y para seguir tan previsibles como siempre, hay que buscar culpables. Siempre es necesario tener un enemigo exterior para así atrincherarse sin reconocer responsabilidades. ¡Qué malo es el PSOE! Aunque mucho peor son los sindicatos convocantes.

Y, para finalizar, hay que autoalabar al Gobierno que es injustamente tratado con una huelga general. Para ello, nada mejor que referirse a su logro principal: la reforma laboral. Sin comentarios.

Mi pregunta a los lúcidos asesores que han realizado el panfleto es: ¿Quién cree el Gobierno que ha hecho huelga o se ha manifestado? En la calle no estaban los banqueros, ni los corruptos, ni los especuladores, ni los malos gestores, … estaban los trabajadores, los parados, los pensionistas, los jóvenes sin trabajo, los estudiantes, los desahuciados, … aquellos ciudadanos que quisieron y pudieron hacer huelga para denunciar que las cosas no van bien.

El día que los políticos convencionales, que se muestran asustados ante los poderes económicos pero impertérritos y prepotentes frente a sus gobernados, dejen de escenificar y, sencillamente, se muestren como personas, la Política habrá recuperado oxígeno.

Sencillamente, al Gobierno le correspondía salir públicamente a decir que la huelga fue un éxito, que le duele profundamente el sufrimiento que los españoles están viviendo, y (por seguir soñando) que iba a atender las demandas y razones de sus gobernados, sus conciudadanos, que son, al fin y al cabo, a quienes de verdad debe su compromiso.