Antes de comenzar la crisis económica, mucha gente “normal”, es decir, los ciudadanos corrientes de a pie que no saben economía tenían la certera y lógica impresión de que algo no iba bien. ¿De verdad éramos tan, tan, tan ricos que podíamos pagarlo todo? Y, ¿cómo era posible que siguiéramos construyendo viviendas sin parar, a troche y moche, y cada vez más caras? ¿Dónde estaba la lógica de la oferta y la demanda?La lógica del mercado decía que si había más viviendas que nunca debían bajar los precios, y, en cambio, ocurría al contrario. Pero, los ciudadanos se rascaban la cabeza extrañados y atribuían su perplejidad a no saber de Economía y que siempre hay alguien más listo, sabio y experto que uno mismo.

Una modestia que no se aplica a nuestros gobernantes.

Si antes de la crisis, los expertos listísimos y los economistas oficiales pecaron de ceguera absoluta, quién nos dice que ahora no está ocurriendo lo mismo.

¿Por qué no aplicamos la lógica del sentido común a los mercados?

Los Gobiernos, los políticos y los saberes oficiales andan despistados por el comportamiento de la prima de riesgo que sube de forma cruel y despiadada cada día. ¿Qué más debe hacer España para que nos dejen en paz? El IBEX 35, la bolsa, la prima de riesgo, … todas esas componentes medio químicas medio psicológicas se empeñan en no responder a nuestras recortes, nuestra austeridad draconiana, nuestro situación dramática de angustia vital y explosión social. ¿Cuántos sacrificios más nos van a pedir?, se preguntan perplejos nuestros gobernantes.

Pero quizás, el mercado (ese ente poderoso y anónimo), actúa con la misma lógica del sentido común que lo hacemos los mortales corrientes.

Ni España era un país de riqueza desproporcionada que había llegado al paraíso del lujo, el consumo, el crédito, el talonario, las tarjetas bancarias, … y que éramos más invencibles que la selección española (más nos parecemos a la Armada Invencible que la Historia siempre da lecciones), ni España es ahora un país de desarrapados, inútil e inservible, ineficaz, de vagos funcionarios y trabajadores maleantes. Somos un país mal gestionado y mal gobernado, que no supo enseñar valores de profesionalidad y honestidad en los años de bonanza, que dejó que creciera la mala hierba entre aeropuertos sin aviones y despilfarros malolientes, y que ahora se enfrenta con estupor a unos gobernantes que corren de un lado para otro como pollos descabezados.

Lamentablemente, el sentido común del mercado lo detecta y lo sabe. Igual que supo que la riqueza era falsa y estaba imbuida en una burbuja inmobiliaria, ahora sabe que no se puede sacar rendimiento social de un país esquilmado, agotado, indignado, y con sus gentes destrozadas psicológica y vitalmente por no tener trabajo, por no poder consumir, por no tener capacidad de inversión, … por no tener futuro.

¿Qué confianza puede tener el mercado en un país así?

Quizás hayan muchos expertos que sonrían pensando en que la ingenuidad la cura el tiempo, y estas reflexiones son propias de un inculto en la materia. Pero mucho más patético resulta ver a Montoro escondiendo menudencias del BOE a ver si “hay suerte”, mientras amenaza con que “no hay dinero para pagar nóminas”, o a De Guindos moviendo la cabeza y diciendo “no entiendo que está ocurriendo, no hay lógica que explique el comportamiento de los mercados, nadie sabe por qué actúan así”.

Sigo pensando que la avaricia y la necedad no actúan con sentido común.