A escasos días que terminen las legislaturas autonómicas y municipales para dar comienzo a las precampañas y campañas de las próximas elecciones de mayo 2011, no podemos obviar los atípicos condicionantes a los que se enfrentará el elector.
Es cierto que son elecciones exclusivamente autonómicas y municipales donde lo que se debe valorar es la gestión de alcaldes y presidentes autonómicos, pero también es cierto que será inevitable considerar el escenario político y nacional que estamos viviendo. Desde esa perspectiva, el PSOE intenta “municipalizar” al máximo la campaña, evitando pisar charcos innecesarios, lo que resulta lógico, no sólo desde su perspectiva, sino de la realidad electoral; pero enfrente el PP intenta desvirtuar el contenido real de estas elecciones, introduciendo todas las variables políticas, con el fin de rentabilizarlas al máximo, intentando con ello hacer una lectura previa del apoyo al PSOE y a Zapatero.
El PSOE a nivel nacional, con Zapatero a la cabeza, y pese a la crisis económica, ha sido un impulsor de las políticas autonómicas y municipales. En su haber positivo quedarán los planes e inversiones realizadas en todos los municipios de España, con el fin de generar empleo y obra pública; unos planes sin precedentes y con grandes inversiones económicas que, en cambio, han sido poco rentabilizados desde el Gobierno de España, pese a que han supuesto el alivio para los ayuntamientos. También están los avances en los Estatutos de Autonomía que, en época de mejores circunstancias, hubieran supuesto una “segunda primavera” en la consolidación de los estados de autonomía, pero que las circunstancias económicas y la política demagógica del PP, intentando desvirtuar las Autonomías, han hecho palidecer los avances. Sin olvidar, el paso de gigante que se ha dado con la financiación autonómica, y los recursos extraordinarios que muchas Comunidades han recibido y que han sido de gran ayuda en los déficits y deudas de los gobiernos autonómicos. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que Aznar no recibió nunca a los presidentes autonómicos socialistas.
Pero, cuando falta dinero, hay deudas, y las cosas van mal económicamente, no hay paño caliente que calme las críticas (algunas justificadas y la mayoría irresponsables por parte de los Presidentes Autonómicos, que no han querido asumir su parte de corresponsabilidad).
Encima de la mesa están también las ayudas que el Gobierno de España ha realizado a través de autonomías y ayuntamientos en subvenciones a la vivienda, becas para el estudio, construcción de escuelas infantiles de 0 a 3 años, compra de libros para bibliotecas, ordenadores para los alumnos, y un largo etcétera de inversiones extraordinarias que su principal beneficiario ha sido el ayuntamiento (sea del color político que sea) y por tanto, directamente el ciudadano.
Ahora bien, mucho me temo que todo lo positivo del gobierno de Zapatero en mejorar la calidad de vida de municipios y autonomías tendrá difícil entrada en la campaña electoral de mayo.
En primer lugar, porque el gobierno Zapatero no ha sabido reivindicar lo bueno de su gestión. En segundo lugar, porque las comunidades autónomas lo harán según su interés (las del PSOE lo pondrán en su mochila, las del PP intentarán ignorar esas ayudas). Y, en tercer lugar, porque el panorama político nacional e internacional es realmente preocupante, y resulta inevitable considerar la actualidad política y económica cuando es la que está invadiendo nuestro ánimo y nuestras preocupaciones.
¿Qué pesará también en la decisión del voto autonómico y municipal?
Lo primero, la sucesión del Presidente del Gobierno. Un lío en el que el PSOE se metió hace mucho tiempo y nadie sabe cómo ha sido. Hay que reconocer que no ha habido mayor torpeza ni orgánica ni comunicativa que el debate sucesorio de Zapatero. Y ahora ya no tiene fácil arreglo. ¡Qué gran error! Enfrente de Zapatero, sigue estando Rajoy, el mismo líder insulso que no ganó en dos ocasiones y que sigue sin despegar en las encuestas, que no despierta ninguna confianza entre los electores, y al que sus asesores le aconsejan que esté mudo y no aparezca en escena para no interferir en las encuestas.
Lo segundo, la situación económica con la caída de Portugal (sumándose a Grecia e Irlanda), que nos indica los palos de ciego que todavía Europa está dando en la salida de esta crisis. La dimisión de Sócrates es otro balón de oxígeno para el PP, donde la deslealtad de Rajoy entrará en juego. No dirá el PP qué medidas son correctas para salir de la crisis porque no las sabe y porque, hoy es Portugal, pero ayer fue el milagro irlandés que tanto defendía Rajoy. El desgaste electoral que sufre Zapatero es el mismo que sufre Sarkozy, Merkel o Cameron, pero eso le da lo mismo al PP.
En tercer lugar, la guerra contra Gadafi. Una guerra que ha dividido a la izquierda nacional y que será motivo electoral de la campaña de IU pues así servirá para que saquen cabeza y pueda hacer discurso propio. Pero la realidad, al menos es mi opinión más sincera y comprometida, es que la guerra de Irak y la de Libia no son en absoluto comparables. Entiendo y comparto los sentimientos de los compañeros de IU, pero no sus argumentos. ¿Qué tendría que haber hecho la comunidad internacional? ¿Y qué debía hacer España?
Serán unas elecciones autonómicas y municipales atípicas. Donde en un tablero de juego internacional tan complicado, los candidatos de los partidos tendrán que hablar de educación, sanidad, seguridad, barrios, inversiones, carreteras, y corrupción. Pero, en medio de tanta confusión, ¿Qué escucharán los ciudadanos?