La semana pasada me congratulaba que una de las revoluciones del siglo XXI la está protagonizando el pueblo árabe. Pero hoy, siento más que nunca la congoja y el miedo de que fracase lo que parecía inevitable: la liberación de los árabes.

Siempre es controvertido realizar intervenciones militares en países ajenos y la historia reciente nos indica que hemos cometido errores con decisiones diferentes. Cuando en el corazón de Europa se produjo la guerra de los Balcanes, dejamos que se cometieran las barbaridades más atroces contra los Derechos Humanos, porque era una guerra entre etnias y nacionalidades, entre intereses enfrentados, entre las dos concepciones de la Europa separada por el muro. En cambio, en Irak la comunidad internacional entró a saco provocando una guerra porque debíamos liberar al pueblo iraquí del indeseable Sadam Hussein, el cual ya no servía para los intereses norteamericanos, y se provocó la guerra utilizando las mentiras necesarias como las armas de destrucción masiva.

Los organismos internacionales no están por tanto ajenos de culpa.

Manifestando mi desconocimiento por la complejidad de las relaciones internacionales, no puedo evitar la preocupación y el desgarro que me produce lo que ocurre en Libia, y que me recuerda a la pasividad internacional que España vivió cuando Franco impuso su dictadura (con la gravedad de que Franco atentó contra un gobierno elegido democráticamente). La legitimidad de los gobiernos es decisiva. La República Española era legítima y se vio masacrada por un dictador ante la mirada pasiva de Europa. Gadafi no es un gobierno legítimo; ha sido, es y será un dictador con el beneplácito de la comunidad internacional. Ni él ni su familia representan al pueblo libio; es la ley del más fuerte y cruel llevada al gobierno. No estamos ante un golpe de Estado del pueblo libio, sino ante una revuelta popular. Gadafi es un dictador que ha permanecido 40 años en el poder, mientras Europa le ha reído las gracias porque está sentado sobre un pozo de petróleo. Franco permaneció 40 años y murió en la cama; da la impresión de que Gadafi piensa resistir otros 40 años más dejando su dictadura en herencia.

Si gana Gadafi, ¿cómo hará el pueblo libio su transición democrática? ¿qué preparación para la resistencia civil, intelectual y política tendrá el pueblo libio?

Gadafi no es un mandatario elegido libremente. Es un dictador. Y que está resistiendo en el trono, masacrando al pueblo libio, imponiendo su estado de terror, porque su única oposición real es la comunidad internacional. Y ésta no se ha puesto de acuerdo todavía en las medidas mínimas que asfixien a Gadafi y salven a Libia. Antes de una intervención militar, existen muchas medidas que estos días están proponiéndose y que serían parte del acoso y derribo de este dictador. Pero, cuando la comunidad internacional llegue a ponerse de acuerdo y aprobarlas, quizás, como ha dicho el hijo de Gadafi, ya sea tarde y habrán machacado al pueblo libio.

Si los organismos europeos, desde la ONU a la OTAN, como la UE, como cabeza principal, hubiera reaccionado con prontitud y contundencia, sin fisuras ni indefiniciones, llevando adelante las sanciones, el bloqueo de cuentas económicas, la exclusión del sistema aéreo, la asfixia real a Gadafi, no hubiera sido necesaria la intervención militar, que genera muchísimos problemas: intervención, colonialismo, guerra, intromisión.

Tenemos en las manos algo más que un sueño bello sobre la libertad. Tenemos la oportunidad histórica de que la democracia comience su andadura, siempre lenta, costosa y difícil, en el pueblo árabe. Pero si se permite que Gadafi consiga atrincherarse y ganar esta guerra civil, las pérdidas serán muchas.

En primer lugar, perderá el pueblo libio quien tendrá enfrente a un sanguinario represor que no permitirá que pueda ocurrirle de nuevo una situación semejante. Por lo que su crueldad será extrema.

En segundo lugar, es un buen aviso para otros gobernantes árabes quienes aprenderán que la mano dura contra su propio pueblo es más eficaz que la negociación, y más, viendo que no hay reacción internacional contra una masacre.

En tercer lugar, el resto de países que sí han comenzado su andadura democrática como Túnez o Egipto, se quedan aislados en una situación indefinida.

Llevo muchos artículos preguntándome por la voz de Europa, por su tímida defensa de los derechos humanos en otros países., por su inseguridad frente a la crisis económica, por el vacilante equilibrio entre lo posible y lo deseable, por su ceguera frente a los retos del nuevo siglo, por su timidez en la respuesta ante problemas graves como la energía o el medioambiente. Quiero sumarme a las voces de otros articulistas como José Borrell u Óscar Iglesias, que, desde estas páginas, también preguntan cuáles son las posiciones de la UE o de la Internacional Socialista (que es completamente inexistente).

Gadafi no está mudo. Su jaque no es sólo al pueblo libio que sufrirá con sangre y un reguero de víctimas sus ansias de democracia. Su jaque es también contra la comunidad internacional. Hace varias semanas, escribí un artículo que titulé “Libia contra Gadafi”, pero hoy la guerra civil de Libia también es nuestra.