El pasado día 2 de diciembre, Adela Cortina fue nombrada la primera mujer de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Muchos de sus amigos/as, sobre todo, “eternos” alumnos/as fuimos a acompañarla en ese acto. Por muchísimas razones. La primera es obvia, por el cariño y el respeto que por ella sentimos. La segunda: el enorme orgullo de que por fin una mujer ocupara el asiento de esa Academia. Pero, la tercera, porque Adela se lo ha ganado, lo merece, es y seguirá siendo un referente intelectual y moral.
Adela Cortina se empeñó hace mucho tiempo en que nuestra sociedad contemporánea necesita una “Ética de mínimos” que nos permita a todo el mundo, de forma universal, entender el mismo lenguaje moral basado en el respeto a la persona, en los derechos humanos, y en la justicia. Lo ha hecho siempre saltándose los “corsés” académicos que encierran a los intelectuales en urnas de cristal incapaces, muchas veces, de conectar con los que somos mortales. Ella ha hecho de su sabiduría una práctica constante; de su gran conocimiento intelectual una permanente reflexión sobre lo bueno y lo justo. Y ha rescatado a la Ética del pedestal donde recogía el polvo de los años para ponerla en práctica.
Todos los ámbitos sociales requieren de permanente reflexión: la medicina, la empresa, la política, el periodismo, el consumo… Nuestras democracias necesitan mejorar con la virtud de la práctica, buscando el consenso y que todos los afectados, como dice Adela, se sientan representados o partícipes de las decisiones. “Hacer justicia, devolver a los seres humanos ese mundo del que son dueños legítimos, es el nuevo motor de una historia que no ha terminado más que para los conformistas de toda la vida. Los diligentes, los que piensan y aman, se esfuerzan por diseñar propuestas de justicia, que hoy no puede ser sino local y global”.
En la sociedad actual que vivimos, todos los días nos encontramos con actuaciones y actitudes que merecen nuestra desaprobación. Desde pagar entrevistas en medios de comunicación a determinados personajes culpables judicialmente por buscar más “el morbo” que la verdadera información; el deshonor en la política con quienes se escurren de la ética con sus comportamientos, vicios y corruptelas; la desfachatez de hacer boicot a una asignatura como Educación para la Ciudadanía sin importar las consecuencias que tenga para la formación cívica de nuestros jóvenes; la especulación financiera, la avaricia y la codicia de quienes nos les importa generar una crisis económica mientras sus bolsillos estén llenos; las torturas y el incumplimiento de derechos humanos por parte de Estados como la primera potencia del mundo; el abandono de un continente como África a la guerra, el hambre y la humillación; y un larguísimo etcétera que nos dice que no podemos pasar de puntillas por nuestro mundo sin manchar de barro nuestras conciencias.
No pude evitar sonreír, junto con compañeros/as, al ver a Adela tomar posesión de su asiento en la Real Academia. ¡Cuánto trabajo le queda a esa institución! Y sonreímos porque con Adela no ha llegado sólo la primera mujer; no ha llegado sólo una intelectual de prestigio: ha llegado una persona inquieta, rebelde, curiosa, inconformista, sincera, que no sólo le quitará el polvo a la Ética, sino también a esa prestigiosa institución que permanece tan callada y en silencio. Las instituciones no están de adorno; su valor está en su ejercicio. … Y ha llegado Adela Cortina.